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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Pergolini reinventa el sótano de No preguntes por Rusia: vinilos sobre la pared y un guiño geek al fondo

El conductor armó una estructura con soportes impresos en 3D para exhibir discos en el estudio del ciclo. Spinetta, Prince, Nirvana y Los Piojos conviven con un Stormtrooper de Star Wars y una guitarra colgada. Adelantó que las tapas irán rotando emisión tras emisión.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · · 4 min de lectura
Pergolini reinventa el sótano de No preguntes por Rusia: vinilos sobre la pared y un guiño geek al fondo

A esta altura de la vida uno cree que ya vio todo en materia de escenografías televisivas y de pronto entra a No preguntes por Rusia y se topa con una pared llena de vinilos sostenidos por unos soportes que, según me enteré anoche, fueron impresos en una impresora 3D por el mismísimo Mario Pergolini. Sí, el conductor se sentó en su sillón, señaló hacia el fondo del estudio y contó, con esa mezcla de orgullo y modestia que lo caracteriza, que él mismo fabricó cada una de las piecitas que sostienen las tapas. La imagen es la de un sótano porteño reconvertido en una galería de arte discográfico: luces azuladas, paredes oscuras y, en lugar de cuadros, discos de vinilo que parecen cuadros.

Lo que más me llamó la atención, y me imagino que a ustedes también, es la selección. Porque no se trata de una colección caprichosa ni de un capricho de coleccionista: hay un recorrido que va de Luis Alberto Spinetta a Los Piojos, de la electrónica y el rock internacional a los himnos del rock argentino. Pergolini fue señalando algunas tapas mientras hablaba con Nico Etevenaux, que fue el encargado de advertir el cambio y de preguntar de dónde habían salido esos vinilos. En esa recorrida quedaron al descubierto discos como Peluson of milk, de Spinetta; Fore!, de Huey Lewis & The News; títulos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, y dos piezas que a mí, personalmente, me sacaron una sonrisa nostálgica: un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, esa que los melómanos saben que trae un arte de tapa distinto y un sonido que no se consigue en otra parte.

De Los Tipitos a Foo Fighters, pasando por La Renga y el sillón de siempre

Las filas inferiores de la estructura sumaron nombres de distintas generaciones, que es justamente lo que vuelve interesante a este rincón del estudio. Ahí aparecen Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos, Barry Manilow, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez. Es decir, un mapa sonoro que no le hace caso a las modas ni a las jerarquías de la crítica, sino que parece armado desde el oído y desde la biografía. Me gusta esa idea: un fondo de programa que cuenta la historia de alguien a través de sus discos, y no a través de un cartel con luces led.

“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini

Lo más jugoso del asunto es la promesa que dejó Piccolo en el aire. Cuando Etevenaux le preguntó por la disposición de los soportes y por la posibilidad de que la selección se mantuviera fija, el conductor fue claro: los van a ir cambiando. O sea, lo que vimos anoche es apenas una foto de un fondo que promete ser vivo, que mutará emisión tras emisión, que se transformará en una especie de playlist visual que acompañará las charlas. Para mí, que sigo el ciclo desde que arrancó la temporada 2026, esto confirma algo que vengo sosteniendo: Pergolini entiende que un programa de streaming no se sostiene solo con lo que se dice, sino también con lo que se ve y con lo que se respira en el aire del estudio.

La pregunta que me llevo a casa

Mientras veía la emisión no pude evitar pensar en qué discos pondría yo en mi propio estudio, si alguna vez tuviera uno. Porque la pared de Pergolini funciona como una declaración de principios: dice quién sos, qué escuchaste, en qué momento de tu vida te marcó cada uno de esos surcos. Los suyos hablan de un tipo que creció con el rock y el pop internacional, que atravesó los noventa y los dos mil sin perder el vínculo con la música local, y que además tiene la habilidad —o la locura— de imprimirse sus propios soportes un domingo a la tarde. Si tuviera que armar mi propia pared, me imagino un Sur de Gieco al lado de un Pet Sounds de los Beach Boys, un disco de Charly y un Nevermind, justamente. Pero esa es mi historia. La de Pergolini, ahora, también está a la vista: clavada en la pared de un sótano que dejó de ser prestado para convertirse en una pequeña sala de museo. Y la recomendación, para esta noche, es simple: si todavía no vieron la última emisión de No preguntes por Rusia, dense una vuelta por el canal. Aunque más no sea para cotillear qué tapa cambió de lugar.

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Ludmila PintosCultura y carnaval

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