Mujeres que se duermen cansadas: la apnea silenciosa que se esconde detrás del insomnio y los dolores de cabeza matutinos
El agotamiento durante el día, los despertares nocturnos y la cefalea al levantarse pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño en mujeres, incluso sin ronquidos fuertes. Especialistas advierten que los chequeos estándar suelen no detectarla y que embarazo y menopausia elevan el riesgo.

A primera hora de la tarde, María José se sirve un café y se frota la nuca mientras intenta recordar en qué momento exacto se durmió anoche. Tiene 48 años, trabaja en la administración de una pyme en San Telmo y desde hace varios meses se levanta con la sensación de no haber descansado. Le duele la cabeza, le cuesta concentrarse en una planilla de Excel y, sobre todo, se queda dormida en cualquier reunión que se extiende más de veinte minutos. Lo que hasta ahora atribuía al estrés, a la menopausia que se avecina y a las noches en las que se desvela mirando el celular empieza a tener, según los especialistas, otro sospechoso con nombre clínico: apnea obstructiva del sueño.
En el consultorio, la escena se repite más de lo que parece. Muchas mujeres llegan convencidas de que su problema es el insomnio, la ansiedad o simplemente el peso de los años. Una revisión internacional citada por la literatura médica estima que hasta un 75 por ciento de las mujeres que sufren apnea obstructiva del sueño podría estar sin diagnóstico. El dato ayuda a entender por qué tantas consultas empiezan en el buscador web y terminan, meses después, en un estudio del sueño.
Señales que se confunden con otras cosas
El cansancio durante el día, el dolor de cabeza al despertar, la dificultad para iniciar el sueño o para sostenerlo y los cambios de humor forman parte del cuadro. También pueden aparecer sequedad bucal matutina, sensación de ahogo nocturno y una irritabilidad que muchas pacientes describen como "estar a punto de explotar". El problema es que esas mismas molestias suelen leerse como estrés laboral, como síntomas de menopausia o como un insomnio clásico.
- Agotamiento diurno que no se explica por las horas en la cama.
- Dolores de cabeza al despertar, sobre todo en la zona frontal.
- Dificultad para empezar a dormir o para mantener el sueño.
- Cambios de ánimo, irritabilidad o niebla mental.
- Despertares con sensación de ahogo o de boca muy seca.
Por qué se escapa de los controles habituales
El cuadro clásico de apnea se asocia con ronquidos intensos y pausas respiratorias que la pareja suele detectar. En las mujeres, los ronquidos fuertes pueden estar ausentes o ser más leves, y hasta un 40 por ciento no refiere los síntomas más conocidos. Los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero detectan menos casos en la población femenina. Algunas pruebas domiciliarias también pueden pasar por alto alteraciones que se concentran en la fase REM del sueño, esa etapa en la que soñamos y el cuerpo se relaja de manera particular.
Por eso, si el malestar continúa, un primer resultado sin alteraciones no alcanza para cerrar el tema. El paso siguiente suele ser un estudio nocturno en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso. Es lo que la medicina del sueño llama polisomnografía y es, por ahora, la herramienta más completa para confirmar o descartar el trastorno.
Lo que ocurre mientras se duerme es bastante concreto: la garganta se estrecha o se bloquea de manera repetida, el aire pasa con dificultad, el oxígeno en sangre baja y el cerebro reacciona con microdespertares que rara vez se recuerdan. Con el tiempo, esas interrupciones se asocian con hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, lo que convierte a la apnea en un asunto que no se reduce a roncar o estar cansada.
El embarazo es otro momento clave. El aumento de peso, los cambios hormonales y la congestión nasal propia de la gestación pueden desencadenar apnea o empeorar un cuadro previo. En ese escenario, el abordaje se vuelve un trabajo en equipo entre obstetricia y medicina del sueño, y cualquier intervención, incluida la cirugía, debe coordinarse con el equipo médico. La CPAP, que mantiene abierta la vía respiratoria con una presión de aire, suele mencionarse como opción terapéutica, aunque su indicación depende de cada caso y de la severidad del cuadro.
María José todavía no tiene su estudio del sueño agendado, pero ya empezó a prestar atención a algo que durante años minimizó. "Pensé que era la edad, pensé que era el trabajo, pensé que eran los años de criar hijos", me dice mientras acomoda los papeles en su escritorio. Como ella, miles de mujeres argentinas conviven con un cansancio que tiene nombre y apellido clínico. Reconocerlo es el primer paso para que el silencio de la noche deje de pasarles factura durante el día.
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