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Mario Boskis: "Tener un plan y gente cerca es lo que nos mantiene vivos después de los 60"

El cardiólogo argentino repasó los hábitos que, según su experiencia clínica, ayudan a sostener la longevidad con buena calidad de vida: mantener vínculos, cultivar un propósito diario y, al mismo tiempo, tomar precauciones sencillas frente a las infecciones respiratorias que suelen dispararse en los meses de frío.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 15 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me lo crucé a Mario Boskis la semana pasada, en medio de una jornada médica en la que no paraba de repetir lo mismo, una y otra vez, a cada colega que se le acercaba: que en la consulta de un adulto mayor lo primero que hay que preguntar no es qué le duele, sino qué lo levanta cada mañana. Lo dijo con esa calma de cardiólogo que lleva décadas viendo cómo un corazón sano se va apagando cuando la cabeza y el ánimo se quedan solos. Y lo cierto es que, mientras lo escuchaba, uno empieza a entender que la longevidad de la que tanto se habla en los papers internacionales empieza por cosas mucho más terrestres: un café con un amigo, un nieto al que ir a buscar al colegio, un club al que seguir concurriendo.

El ikigai como motor cotidiano

Boskis lo vinculó con un concepto que se popularizó en los últimos años, el ikigai japonés, esa idea de que la vida tiene sentido cuando se cruzan lo que uno ama, lo que sabe hacer, lo que el mundo necesita y aquello por lo que puede ser reconocido. No lo dijo como una moda new age, sino como una herramienta clínica. Para el médico, conservar un propósito, mantener amistades activas y sostener la comunicación con la familia es lo que ayuda a evitar el aislamiento, ese enemigo silencioso que suele pesar más que cualquier arritmia en la calidad de vida de los mayores.

El especialista fue claro al respecto: la posibilidad de seguir con una actividad depende de lo que el cuerpo de cada persona permita, y la edad por sí sola nunca debería ser motivo suficiente como para abandonar aquello que genera bienestar. Es una distinción fina pero clave, porque en la práctica uno ve muchas familias bienintencionadas que le dicen al padre o a la madre que ya está grande para ir a la peña del barrio, para juntarse con los amigos del club, para tomarse ese colectivo hasta el centro. Boskis advierte que ese tipo de proteccionismo, cuando se vuelve costumbre, termina empujando justamente al aislamiento que después cuesta revertir.

Los cuidados que no pueden faltar durante el invierno

Ahora bien, mantener los vínculos no es cualquier cosa cuando bajan las temperaturas. Boskis explicó que durante el invierno se combinan dos factores que se potencian entre sí: una mayor circulación de virus respiratorios y más tiempo compartido en ambientes cerrados, sin ventilación. Estar en esos espacios con personas que están cursando una infección aumenta de manera considerable las posibilidades de contagio, y los adultos mayores suelen pagar los platos rotos de esos encuentros, porque sus defensas no responden igual que a los treinta años.

Para el cardiólogo, cuidarse también supone proteger al otro. Por eso puso sobre la mesa tres recomendaciones que parecen de manual pero que, según insistió, muchos siguen dejando de lado:

  • Usar barbijo cuando se tienen síntomas respiratorios, para reducir la posibilidad de transmitir la enfermedad a quien tenemos al lado.
  • Incorporar el lavado de manos como una costumbre: al llegar a casa, al llegar al trabajo y siempre antes de comer, porque muchos microorganismos se transmiten por el contacto con superficies.
  • Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas que corresponden en cada caso, en lugar de guiarse por lo que se comenta en el grupo de whatsapp o en la verdulería.

Sobre este último punto, Boskis fue enfático: la orientación tiene que partir del médico de cabecera, que es quien conoce los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente. Mencionó en particular la vacuna contra la gripe, la protección frente a la neumonía y también la inmunización contra el virus sincicial respiratorio, que en los últimos años dejó de ser un tema exclusivamente pediátrico para instalarse como una preocupación concreta entre los mayores.

“Una infección requiere la presencia de un virus o una bacteria; el frío por sí solo no enferma a nadie.”Mario Boskis

El especialista aclaró además un mito bastante instalado: que el frío en sí mismo provoque resfríos o neumonías. Según explicó, las infecciones requieren la presencia de un agente patógeno. Lo que sí hace el frío, agregó, es disminuir el movimiento de las cilias, esos pequeños pelitos que tapizan las vías respiratorias y ayudan a retirar secreciones. Cuando ese mecanismo de protección se enlentece, el cuerpo queda más expuesto a los virus que sí están dando vueltas. De ahí que las precauciones durante el invierno no sean opcionales, sobre todo para los adultos mayores que, como decía Boskis, deberían poder seguir saliendo a encontrarse con los suyos, pero siempre con el oído atento y el cuerpo bien cuidado.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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