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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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María José Riera, la mujer que grabó un video camino a sus estudios y armó una convocatoria que se viralizó

Productora audiovisual y sobreviviente de cáncer de mama, grabó un mensaje desde su auto antes de entrar a una jornada completa de chequeos y le habló directo a las mujeres: ponerse primeros en la propia lista, especialmente en este octubre de concientización. Cinco años después del diagnóstico, acaba de publicar su primer libro.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 5 min de lectura
María José Riera, la mujer que grabó un video camino a sus estudios y armó una convocatoria que se viralizó

Les quiero contar una imagen que me quedó dando vueltas: una mujer sentada en su auto, todavía con el motor encendido, hablando frente a la cámara del celular como si estuviera en la cocina de su casa. No hay escenario, no hay luces, no hay producción. Hay, en cambio, una voz serena que dice con una convicción que atraviesa la pantalla que durante todo el día va a estar haciéndose estudios de control y que viene, simplemente, con mucha alegría. Esa mujer se llama María José Riera, es productora audiovisual y es, sobre todo, una sobreviviente de cáncer de mama que en 2020 recibió un diagnóstico que le cambió la vida, y que desde entonces se propuso una tarea tan simple como urgente: recordarles a las demás mujeres que se cuiden.

Un video desde el auto, una convocatoria que se hizo viral

Lo que yo vi circular en estas horas es un video que Riera grabó en sus historias de Instagram justo antes de entrar a la jornada de estudios. La filmó desde el auto, en el camino, y el mensaje fue tan directo como entrañable: las mujeres tienen que priorizarse y hacerse los chequeos anuales, en particular los relacionados con el cáncer de mama. La frase que quedó resonando, y que funciona como una especie de lema, fue esa de ponerse primero en la propia lista.

“Hoy es un día en donde durante todo el día tengo estudios de control. Y venía pensando que vengo con mucha alegría a hacerme eso.”María José Riera

Ella misma explicó de dónde sale esa alegría, que a primera vista puede sonar extraña cuando una va a hacerse controles oncológicos. Son dos los lugares de donde la saca, dijo: por un lado, la posibilidad concreta de acceder a los estudios, que no es un dato menor en un país donde no todas las mujeres tienen la misma oportunidad; por el otro, la decisión de hacerlos, que es un paso que muchas postergan durante meses, durante años, a veces para siempre. Esa decisión, en su relato, es la misma que lleva a tomar otros caminos en la vida, como el de elegir por dónde seguir andando.

  • Ponía como ejemplo su propia rutina de octubre, con una jornada entera de estudios por delante.
  • Invitaba a pensar qué lugar ocupa cada una en su propia lista de prioridades.
  • Cerraba con una convocatoria puntual a las mujeres, en este mes de concientización sobre el cáncer de mama.
  • Insistía en la importancia de realizarse los controles necesarios sin postergarlos.

Lo que a mí me interpela de esta historia, y se los digo en primera persona, es el tono. No hay dramatismo, no hay sermón, no hay miedo. Hay una mujer que atravesó la enfermedad, que completó quimioterapia y radioterapia, que se operó el 9 de diciembre de 2020 apenas dos semanas después de recibir el diagnóstico, y que cinco años después puede pararse frente a una cámara y decir que va contenta a hacerse los estudios. Eso no es naipes: es un aprendizaje largo, construido en silencio, que ahora comparte con las demás.

El 24 de noviembre de 2020, en la peluquería

Porque el punto de partida fue durísimo. Riera recibió su diagnóstico el 24 de noviembre de 2020. Lo supo en un lugar que parece de película, y que sin embargo es una escena que se repite en la vida de miles de mujeres: estaba en la peluquería, rodeada de las cosas de siempre, con los papelitos de los claritos todavía en la cabeza, cuando le dieron la noticia. Operada el 9 de diciembre de ese año, durante 2021 completó el tratamiento con quimioterapia y radioterapia. La enfermedad, como suele pasar, no llegó sola. En medio de ese proceso, María José tomó otra decisión enorme: después de 35 años de matrimonio, decidió separarse. Ella misma lo explicó en una entrevista anterior: no quería cargar con la angustia de otra persona que no podía acompañarla y que no tenía las herramientas emocionales para hacerlo. Es una frase que a mí, como periodista, me deja pensando en todas las capas que tiene un diagnóstico médico, y en cómo a veces una enfermedad termina ordenando la casa por dentro, para bien o para mal.

Hay un dato que la propia Riera suele repetir y que a mí me parece clave: la pérdida de una sobrina a causa del mismo tipo de cáncer. Esa ausencia, dice, es lo que la empuja cada año a volver a la consulta, a sentarse en el auto, a grabarse y a recordarle al mundo que los controles periódicos no son un trámite, son una forma de estar vivas. Actualmente, María José está en la etapa de supervisiones regulares, esos chequeos que se repiten en el tiempo para descartar que el tumor reaparezca.

Un libro para dejar registro de lo aprendido

Y hay más, porque esta historia tiene un cierre que también es un comienzo. Riera acaba de publicar su primer libro, titulado Fue un buen verano, donde relata su paso por la enfermedad y, también, la decisión de terminar su matrimonio al inicio del tratamiento. En las páginas aparece además otro eje que a mí, particularmente, me emociona: la amistad. Un grupo de amigas se mudó con ella durante la quimioterapia, la acompañó en los días bravos, le hizo la aguante en los días buenos. Ella lo define con una fórmula que me parece hermosa: el libro refleja el resultado de esos meses y está dedicado a la amistad femenina. Pienso, mientras escribo esto, cuántas veces las amigas son la primera línea de cuidado, esa que aparece antes que cualquier otra.

Así que la pregunta que les dejo, y que la propia María José plantea con su video, es una sola, pero enorme: ¿tenés al día tus controles de salud? No es una pregunta retórica ni un eslogan de octubre. Es la pregunta que esta productora audiovisual les hace a las mujeres de su generación, y a las más jóvenes, y a las más grandes, con la misma energía con la que uno sube a un auto y le pone primera para ir a una jornada de estudios. Pónganse primero en la lista, dice ella. Yo, que vengo escribiendo notas hace años sobre cultura y carnaval, les digo que en este caso la recomendación es una sola, y no tiene nada que ver con una comparsa: háganse los controles, háganlos en tiempo y forma, y cuiden a las mujeres que tienen al lado. Eso, a veces, es lo más carnavalero que se puede hacer.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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