Lo que la sangre dice años antes: las huellas invisibles que dejan Crohn y colitis ulcerosa mucho antes del diagnóstico
Un estudio internacional trabajó con 2.000 muestras de suero guardadas durante años y descubrió que el sistema inmunitario empieza a alterarse hasta una década antes de que aparezcan los primeros síntomas. La pista del virus de Epstein-Barr y de ciertas bacterias abre una línea de investigación para detectar a tiempo dos enfermedades que suelen llegar cuando la inflamación ya está instalada.

A veces, antes de que el cuerpo grite, la sangre susurra. Eso es lo que empieza a verse con más claridad en la investigación que acaba de publicar la revista Gut y que se presentó en la última reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología: hay señales inmunitarias que pueden aparecer hasta diez años antes de que una persona sepa que tiene enfermedad inflamatoria intestinal. La investigación no permite, todavía, predecir quién desarrollará la enfermedad, pero abre una ventana inesperada para pensar la detección temprana. Y lo hace con una pregunta que cualquier paciente se hace alguna vez, cuando todavía no entiende bien lo que le pasa: ¿y si alguien me hubiera mirado la sangre un tiempo antes, habría visto algo?
La protagonista involuntaria de este nuevo capítulo de la medicina es Marta, una ama de casa de Córdoba que a los 29 años tuvo que ir de urgencia al hospital por un dolor abdominal que no cedía y una diarrea con sangre que la había dejado sin fuerzas. Le diagnosticaron enfermedad de Crohn. Para entonces ya había bajado nueve kilos, había faltado varias semanas al trabajo y había terminado en guardia más de una vez con la duda razonable de si lo suyo era una gastroenteritis larga o algo más serio. "Cuando el médico me dijo Crohn, sentí alivio y miedo al mismo tiempo", cuenta. "Alivio porque por fin tenía un nombre; miedo porque ese nombre era una enfermedad inflamatoria intestinal, y yo no tenía idea de qué era eso". Lo que Marta no sabía es que, según el estudio, su sistema inmunitario probablemente ya venía dando señales desde mucho antes.
Una búsqueda con 357.000 fragmentos de proteínas
El equipo de investigadores trabajó con 2.000 muestras de suero tomadas a lo largo de varios años a 500 personas que en ese momento no tenían diagnóstico. Doscientos de esos voluntarios terminaron desarrollando enfermedad de Crohn; otros 200, colitis ulcerosa; y 100 permanecieron sanos, y conformaron el grupo de comparación. Las muestras estaban conservadas, lo que permitió mirar hacia atrás en el tiempo, como abrir un álbum viejo para ver quién era esa persona antes del cambio.
Para identificar anticuerpos, los científicos aplicaron una técnica llamada PhIP-Seq, una suerte de rastreo de alta precisión que puede medir respuestas contra 357.000 fragmentos de proteínas diferentes: de bacterias, de virus, de alimentos y hasta de componentes del propio cuerpo. Es una herramienta que permite preguntar de manera masiva qué estaba reconociendo el sistema inmunitario de cada persona y, sobre todo, contra qué estaba empezando a reaccionar antes de que apareciera ningún síntoma. "Es como si la sangre tuviera memoria y, con la técnica adecuada, pudiéramos leerla", le dijo a este portal uno de los investigadores que participó del estudio.
Insisto en algo que vale la pena repetir: estos hallazgos no prueban que el virus de Epstein-Barr cause Crohn, ni que una bacteria concreta desencadene colitis ulcerosa. Lo que muestran es que el sistema inmunitario de las personas que después enfermaron ya estaba reaccionando de manera distinta mucho antes de que apareciera el primer dolor abdominal, la primera diarrea con sangre, el primer signo de alarma. Esa diferencia de reacción, sostenida en el tiempo, es lo que hoy se está empezando a dibujar.
Para los médicos gastroenterólogos, el dato es significativo. En la práctica clínica, el diagnóstico suele llegar cuando la inflamación ya está instalada, cuando el intestino ya perdió tramos de su estructura normal o cuando el sistema inmune lleva meses, a veces años, trabajando en un sentido que no debería. Detectar esas huellas con años de anticipación podría cambiar la conversación: permitiría, eventualmente, identificar a quienes están en riesgo, hacer un seguimiento más estrecho y, en un futuro, intervenir antes de que la enfermedad se exprese con todo su peso.
“Cuando finalmente te dan un nombre, ya venís cargando años de algo que nadie vio.”Marta, paciente con enfermedad de Crohn
El estudio además refuerza algo que los especialistas vienen diciendo hace tiempo: que Crohn y colitis ulcerosa, aunque comparten la etiqueta de enfermedad inflamatoria intestinal, no son la misma enfermedad. Sus trayectorias inmunitarias son distintas, los anticuerpos que las anticipan son distintos y, probablemente, las estrategias para detectarlas y tratarlas temprano también tendrán que serlo. Esa diferenciación importa porque muchos pacientes llegan al consultorio después de pasar por varios profesionales, varios estudios y varias hipótesis equivocadas.
Vuelvo a Marta, porque su historia ayuda a entender de qué se está hablando. A los pocos meses del diagnóstico, empezó un tratamiento con fármacos específicos para modular la respuesta inmune. La inflamación cedió, pero quedó con controles periódicos, con la incertidumbre de cuándo puede reaparecer un brote y con la conciencia, ahora más clara, de que aquel dolor de panza que repetía desde los 21 años, décadas antes, quizás no era pura casualidad. Si esta línea de investigación prospera, otros Martas del futuro podrían no necesitar esperar tanto para que alguien les diga qué les pasa. Bastará, quizá, con mirar la sangre con tiempo.
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