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Lunes, 26 de octubre de 2026
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Las hermanas Dashwood vuelven a contar una historia que sigue vigente

La nueva adaptación de Sentido y sensibilidad, dirigida por Georgia Oakley, pone el foco en la complicidad entre Elinor y Marianne antes que en los grandes romances y observa conEye naturalista cómo las crisis económicas y afectivas pueden strengthen los vínculos familiares.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 4 min de lectura
Las hermanas Dashwood vuelven a contar una historia que sigue vigente

En una playa azotada por el viento, dos mujeres bajan del corsódromo de sus propias expectativas: una contiene lo que siente y la otra corre sin filtro por la orilla. Ese movimiento contrasta con el rigor de los escenarios palaciegos que suelen acompañar a las grandes adaptaciones de la novela de Jane Austen. Pero la imagen funciona como una declaración de intenciones para una película que no busca competir con versiones anteriores, sino ofrecer otra entrada al mismo universo: la de Georgia Oakley, con guion de Diana Reid y una propuesta attentive a la relación entre Elinor y Marianne Dashwood.

El campo abierto como refugio

La historia arranca con la muerte del padre de las Dashwood. La propiedad familiar queda en manos del hermanastro y las mujeres deben mudarse a una vivienda más modesta. Desde ese primer conflicto, la película vuelve visible una realidad que a menudo queda detrás de los romances: la dependencia económica de las mujeres en la Inglaterra de la Regencia. Los asuntos del corazón, en esta versión, no están separados de las condiciones materiales que atravesan a las protagonistas.

Oakley eligió un registro visual alejado de los salones elegantes. Predominan los campos abiertos, las playas, el barro y el viento. Elinor dibuja o lanza piedras al agua para encontrar calma; Marianne se tiende en el campo o corre por la orilla. La naturaleza aparece como el único espacio donde ambas pueden escapar, aunque sea por momentos, de las expectativas sociales. No se trata solamente de una ambientación bonita, sino de un recurso narrativo para mostrar dos formas distintas de sobrellevar lo que ocurre.

Elinor contiene sus emociones, mientras Marianne las expresa sin filtro y por eso queda más expuesta al sufrimiento. El guion de Diana Reid evita convertir esa diferencia de temperamento en una rivalidad. En cambio, la película insiste en una idea que me parece especialmente luminosa: la brecha entre las hermanas no las separa, sino que puede enseñarles a comprenderse mejor. Cada una encuentra en la otra una forma de mirar el mundo que no conocía.

“La conexión personal se traduce en pantalla en una complicidad que, según la propuesta de Oakley, es el verdadero eje de la historia, por encima de los vínculos románticos.”Ludmila Pintos, Cultura y carnaval

Daisy Edgar-Jones contó que terminó de comprender a Elinor al compartir escenas con Esmé Creed-Miles, con quien tiene amistad previa. Esa cercanía entre las actrizas se percibe en la relación entre las protagonistas y refuerza el focus de la película. No estoy hablando solamente de química entre las irmas, sino de una estrategia para comprender que el vínculo familiar puede sostener el relato incluso cuando los romances fracasan o se vuelven insuficientes.

También cambian los personajes masculinos. Herbert Nordrum construye al coronel Brandon desde la torpeza y la dificultad para expresarse, mientras Frank Dillane acentúa los aspectos más cálidos de John Willoughby sin ocultar las decisiones que dañan a Marianne. La película no convierte a los hombres en figures simples ni les entrega un brillo artificial: los presenta como parte de un ecosistema emocional más complejo, en el que las decisiones tienen consecuencias y las personas pueden tener qualities que no resuelven todos sus problemas.

El resultado es una adaptación que no compite con sus predecesoras. Su mayor interés está en explicar por qué una novela escrita hace más de dos siglos continúa hablándonos: no sólo por sus grandes pasiones, sino por la fragilidad económica de sus personajes, por los vínculos familiares y por la forma en que las personas se sostienen o se faltan en los momentos difíciles. Me quedo con la sensación de haber visto una historia conocida desde otro ángulo, más cercano al cuerpo y a la vida compartida.

  • La película sitúa la crisis económica de las Dashwood desde el comienzo y la vincula con sus decisiones afectivas.
  • Los paisajes abiertos funcionan como refugio y como contraste con las expectativas sociales.
  • Elinor y Marianne se presentan como complimentary characters, no como rivales.
  • La relación entre las hermanas ocupa el centro de la propuesta narrativa de Georgia Oakley.
  • La lectura de los personajes masculinos evita la solemnidad y conserva sus zonas de sombra.

Mi recomendación es verla con tiempo paraaho and soundtrack de la película, porque su fuerza está en los gestos pequeños, en la manera de compartir una escena y en ese paisaje que deja respirar a los personajes. Si buscabas una nueva adaptación de Jane Austen, aquí vas a encontrar algo que no se parece a una simple repetición: una película que recuerda que, a veces, la historia más importante no es la del amor que se conquista, sino la de las personas que permanecen cerca cuando todo se vuelve más difícil.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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