La secuela imposible: la historia de los cuatro intentos de Warner para resucitar a Casablanca
Décadas de guiones abandonados, directores que dijeron que no y tratamientos que terminaron en un cajón. Por qué nadie pudo continuar el clásico de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.

Me imagino el momento exacto en que algún ejecutivo de Warner Bros. se sienta en su oficina, mira el póster de Casablanca clavado en la pared y piensa, otra vez, lo mismo: "tiene que haber manera de hacer una secuela". Y me lo imagino porque la historia del cine está llena de estos intentos, pero pocos son tan tercamente persistentes como los que rodearon al film de 1942 que dirigieron Michael Curtiz y que protagonizaron Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y Paul Henreid. Yo siempre digo que hay películas que no se hacen dos veces, y Casablanca es la prueba más clara de esa máxima que repetimos los que amamos el cine clásico.
Brazzaville, el primer borrador que se cayó solo
El primer intento llegó casi en caliente, cuando todavía olía a estreno. El estudio le encargó a Frederick Stephani un guion titulado Brazzaville, pensado como secuela directa que retomaba la famosa conversación final entre Rick Blaine y el capitán Louis Renault. La idea era juntar otra vez a Bogart como Rick, a Claude Rains como Renault y a Sydney Greenstreet como Ferrari, el dueño del Blue Parrot. El problema fue de fondo: el tratamiento incluía un giro según el cual Rick y Renault habían sido agentes aliados desde el primer momento, y eso destrozaba justamente la evolución que el personaje de Bogart tenía en la película original, ese hombre neutral que recién al final se la juega por la causa. La idea se cayó sola y Brazzaville quedó en el archivo, como tantas otras que el cine descarta antes de rodar.
Truffaut, el que dijo que no por todos
Pasaron los años y Warner volvió a la carga a principios de los años setenta, esta vez con un remake. El nombre que sonaba para dirigirlo era enorme: François Truffaut, que por entonces venía de hacer algunos de los films más lúcidos del cine europeo. Truffaut rechazó la oferta con un argumento que, mirado con perspectiva, resume el problema de cualquier secuela o remake de Casablanca: encontrar a alguien que estuviera a la altura de Bogart y Bergman era prácticamente imposible, y encima el cariño que el público norteamericano le tenía a la película volvía todavía más difícil justificar una nueva versión. La negativa del francés enfrió la iniciativa y el proyecto no avanzó. Hay decisiones que terminan protegiendo a la propia película, y esta fue una de ellas.
Return to Casablanca, la secuela escrita por uno de los guionistas originales
El intento más serio, el que más avanzó, llegó en los años ochenta y tenía una firma que le daba peso: Howard Koch, uno de los guionistas del film original junto con Julius y Philip Epstein, escribió un tratamiento extenso para una secuela titulada Return to Casablanca. La historia se ambientaba dos décadas después del final de la primera película y seguía a Richard, el hijo de Rick e Ilsa, que descubría su origen y viajaba a Oriente Próximo en busca de su padre biológico. Koch imaginaba a una Ingrid Bergman mayor interpretando a una Ilsa adulta, un casting que sonaba como un regalo para los fans, pero la actriz murió en 1982 y el proyecto perdió una de sus piezas centrales. Warner rechazó el tratamiento original y también una versión revisada que Koch presentó en 1989. Cuando la voluntad de los que escribieron el original no alcanza, algo nos está diciendo el material.
Cass Warner y la negativa más reciente
Ya entrados en los años siguientes, la idea resurgió de la mano de Cass Warner, nieta de uno de los cofundadores del estudio, que volvió a empujar el proyecto. La respuesta del estudio volvió a ser negativa, aunque en esa oportunidad dejaron una puerta entreabierta: reconsiderarían la propuesta si aparecía un director con el peso suficiente como para encabezarla. Esa puerta lleva décadas abierta y, hasta hoy, nadie la cruzó. Y yo, cada vez que un nuevo rumor de remake aparece en las redacciones, miro la fecha y pienso: ya van cinco intentos, y todos terminaron en la misma esquina.
Por qué no hay Casablanca 2 (spoiler: por el final)
Si me preguntan a mí, lo que explica que ninguna de estas tentativas haya prosperado no es la falta de ganas ni de dinero, sino algo mucho más de fondo. Casablanca cierra con uno de los finales más perfectos que se hayan filmado: Rick pone a Ilsa en el avión, se queda en la ciudad con Renault, la Niebla se pierde en la pista y los dos se pierden en la niebla. Esa imagen es Casablanca. Cualquier secuela, por bien escrita que esté, por más estrellas que convoque, choca contra esa última toma, que no pide continuación porque ya lo dijo todo. La historia de Rick, Ilsa, Laszlo, Renault y Sam termina en ese aeropuerto, y Warner, con cuatro intentos fallidos encima, ya debe saberlo. Mientras tanto, quien quiera entender qué tiene esa película que la vuelve intocable, que vuelva a verla: la respuesta está ahí, en blanco y negro, hace más de ochenta años, esperándonos en la pista de aterrizaje.
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