La pulseada por los números del cine: entre los 25 millones que dice el INCAA y la queja que llegó desde San Sebastián
Carlos Pirovano defendió los apoyos al sector y los acuerdos con Paraguay, Brasil e Italia, mientras que Dolores Fonzi planteó las dificultades reales para armar una película y sostuvo que el país depende cada vez más de las plataformas.

Volvió a encenderse la discusión de siempre, la que cada tanto sacude a quienes hacemos y miramos cine argentino: cuánto dinero gira en serio para que una película se haga, se vea y, sobre todo, encuentre a su público. Esta vez la pulseada tuvo dos voces bien claras, una que llegó desde la pantalla chica con cifras y otra que cruzó el Atlántico para decir lo que se vive en el set, en la oficina del productor y en la mesa donde se buscan socios para coproducir. Y a mí, que vengo siguiendo estos temas hace años desde esta misma sección, me parece que por fin se pusieron las cartas sobre la mesa, aunque algunos prefirieran mirar para otro lado.
Lo que dijo Pirovano, en criollo
Carlos Pirovano, presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, salió a marcar la cancha con números concretos. Según lo que manifestó, el organismo lleva destinados 25 millones de dólares a apoyos durante el año que mencionó en sus declaraciones, una cifra que quintuplica los cinco millones que, según su propia comparación, se habían entregado en 2023. La idea central de su defensa fue simple: el acompañamiento económico al sector no se cortó, como se viene repitiendo en muchos pasillos de la industria, sino que se multiplicó.
- 155 estrenos nacionales, de los cuales 30 corresponden a películas filmadas durante la actual gestión.
- Presencia de producciones argentinas en festivales de primer nivel como San Sebastián, Venecia y Cannes.
- Acuerdos de coproducción firmados con Paraguay para desarrollo y producción, con Brasil para coproducción y con Italia para dos proyectos conjuntos.
- La exigencia de acreditar audiencia como requisito para acceder a los subsidios, vinculado a la llegada real de las películas a los espectadores.
Sobre el último punto quiero detenerme un instante, porque me parece clave. Pirovano explicó que se pide demostrar que la película tuvo espectadores antes de habilitar nuevos apoyos, y lo presentó como una forma de garantizar que los recursos lleguen a films que efectivamente se vieron. Es un argumento que tiene su lógica, pero que también abre interrogantes: ¿qué pasa con el cine de autor, con el documental experimental, con esas películas que tardan meses en encontrar su público? Lo dejo planteado para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Lo que dijo Dolores desde San Sebastián
Del otro lado de la discusión apareció Dolores Fonzi, actriz y directora, que participó del Festival Internacional de Cine de San Sebastián con la presentación de Mis muertos tristes. Y la verdad es que su testimonio me pegó de otra manera, porque no habló desde el escritorio sino desde el rodaje, desde el teléfono donde se discuten presupuestos y desde la sensación de que cada vez cuesta más armar una película en este país.
“Dependemos de las plataformas totalmente.”Dolores Fonzi
Fonzi recordó que durante años existió una política de coproducciones con Francia, Bélgica y Alemania que, según contó, contaba con la gestión del Instituto. Aseguró que esas posibilidades hoy se redujeron de manera notoria y que se vuelve muy difícil transformar los contactos entre profesionales en proyectos compartidos. Su planteo apuntó al corazón del problema: cuando el Estado se retrae, quienes producen terminan mirando hacia las plataformas, con todo lo que eso implica en términos de libertad creativa y de llegada al público.
Dos miradas que conviven
Yo no digo que alguien mienta y el otro diga la verdad, porque las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puede ser real que el INCAA gaste más que en 2023 y también que una productora independiente sienta que las herramientas concretas para coproducir con Europa se achicaron. Puede ser cierto que se firmen acuerdos con Paraguay, Brasil e Italia y, a la vez, que armar un proyecto con esos países sea un camino de obstáculos para quien está del lado de afuera del escritorio oficial. La diferencia, me parece, está en la lupa con la que se mira: una habla de política cinematográfica y la otra habla de la película concreta que hay que terminar el mes que viene.
La recomendación de siempre
Si te interesa el tema, como a mí, te dejo una recomendación concreta: seguir de cerca los próximos estrenos nacionales, los que vienen en los próximos meses, porque son la prueba real de si los 25 millones de dólares alcanzan para construir un cine propio, diverso y con llegada masiva. Y también vale la pena escuchar las dos voces, la del funcionario que pone números y la de la cineasta que pone el cuerpo, porque en esa tensión se define, en buena parte, el futuro de las películas argentinas que todavía no se filmaron.
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