La picazón que no se va: cuando el bolsillo decide si una enfermedad crónica se trata o se abandona
Un relevamiento de AEPSO revela que casi la mitad de los pacientes con dermatitis atópica postergó o suspendió consultas en los últimos seis meses por motivos económicos. Especialistas insisten en que el diagnóstico temprano y la continuidad del tratamiento marcan la diferencia entre sobrellevar la enfermedad y dejar que devore la vida cotidiana.

A Ana la veo acomodar las sábanas con un gesto automático, como quien repite un ritual todas las noches antes de acostarse. Tiene 34 años, vive en Lanús y trabaja medio día como administrativa; lo que no se ve, pero se siente, es que cada madrugada se despierta dos o tres veces con una picazón que le recorre los brazos, el cuello y los pliegues de los codos. Me cuenta que lleva más de una década así y que, en los últimos meses, dejó de ir al dermatólogo y de comprar la crema que le habían indicado porque el turno y el medicamento le cuestan lo que no le sobra. 'Cuando se me termina el tubo, lo estiro como puedo', me dice, mientras se rasca sin darse cuenta. La escena se repite, con distintos rostros, en miles de hogares argentinos, y ahora tiene un número que la describe con crudeza.
Casi uno de cada dos pacientes con dermatitis atópica —una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, sin cura pero tratable— postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por dificultades económicas. El dato surge de un relevamiento de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO) entre pacientes y cuidadores, y pinta un mapa preocupante: el 44,8% tuvo problemas para acceder a los medicamentos indicados, el 37,3% redujo directamente o dejó de comprarlos por falta de recursos y cerca de dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, principalmente por las mismas razones.
Una enfermedad que se vive las 24 horas
“El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas.”Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO
La dermatitis atópica afecta al menos al 10% de los niños y adolescentes en Argentina. Aunque es más frecuente en la primera infancia, puede comenzar a cualquier edad y, en aproximadamente tres de cada diez casos, persiste durante la adultez. Las lesiones aparecen en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y distintas zonas de brazos y piernas, y su evolución alterna brotes con períodos de remisión, lo que obliga a controles y cuidados sostenidos en el tiempo. El relevamiento de AEPSO confirma el peso cotidiano de esos brotes: el 63,4% de los participantes reportó alteraciones en la calidad del sueño, el 61,9% debió modificar su rutina y el 56,7% sostuvo que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales. Además, quienes sufren picazón crónica e intensa tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de sufrir ansiedad.
Qué dicen los especialistas
- El diagnóstico temprano permite ajustar el tratamiento a las características de cada paciente y favorece un abordaje personalizado, según la dermatopediatra Paula Luna.
- Los especialistas remarcan que sostener el tratamiento en el tiempo es la principal herramienta para controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
- Advierten que interrumpir la terapia por motivos económicos suele traducirse en brotes más intensos, más insomnio y mayor impacto emocional y laboral.
- Insisten en que existen opciones de cuidado —desde cremas emolientes hasta tratamientos sistémicos— que requieren acompañamiento médico continuo para ser aprovechadas.
- Recomiendan no minimizar la picazón persistente ni naturalizar el rascado: consultar y pedir contención profesional es el primer paso para quebrar el círculo.
Cuando termino la charla con Ana, me despido en la puerta de su casa y me cuenta, ya en el umbral, que va a intentar volver al médico el mes que viene, 'cuando junte para el copago'. Lo dice con una mezcla de resignación y esperanza que resume lo que muestran los números: el cuerpo pide tratamiento, pero el bolsillo pone límites. La dermatitis atópica no espera, no se cura con voluntad y, mucho menos, se resuelve sola. Mientras el acceso siga dependiendo de lo que cada familia pueda pagar, seguirá habiendo noches en vela, cremas racionadas y consultas postergadas —y una enfermedad que, como me dijo Ana con una media sonrisa, 'no te mata, pero no te deja vivir'.
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