La momia de 1999: el despertar de Imhotep que cambió la aventura en el cine
Brendan Fraser y Rachel Weisz encabezan la película que Stephen Sommers dirigió en 1999 y que dio arranque a una trilogía que se completó con las entregas de 2001 y 2008, una fusión de exploración, terror y romance que volvió a poner a la momia en el centro de la pantalla grande.

Me acuerdo de la primera vez que vi La momia en el cine, en una sala de un centro comercial que ya no existe, y de la sensación de que algo se estaba desatando en la pantalla: arena, tumbas abiertas, un sacerdote que volvía del olvido y una pareja que todavía no sabía que estaba a punto de meterse en el problema más grande de su vida. Esa película de 1999, dirigida por Stephen Sommers, es la que me sigue pareciendo el punto de partida obligado para entender la saga que se completó con El regreso de la momia en 2001 y con La momia: La tumba del emperador Dragón en 2008.
El arranque de la trilogía
La historia empieza con una expedición a unas ruinas egipcias, las de Hamunaptra, la ciudad de los muertos, adonde llega Rick O'Connell, el aventurero al que da vida Brendan Fraser, junto a la egiptóloga Evelyn Carnahan, interpretada por Rachel Weisz. Los dos llegan buscando vestigios desconocidos y se topan con la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una antigua maldición. Su regreso como momia es lo que convierte una búsqueda arqueológica en un enfrentamiento que pone en riesgo al mundo entero y que termina de definir el cruce entre aventura, terror y romance que sostiene toda la película.
- Aventura arqueológica con la sombra de Indiana Jones como referencia explícita.
- Terror clásico de la mano del monstruo que Universal hizo famoso.
- Romance entre dos personajes con perfiles opuestos que se van completando.
- Una amenaza sobrenatural, Imhotep, que funciona como motor de toda la trama.
- Un tono de blockbuster de los noventa, con humor físico y escenas de acción ambiciosas.
Una saga en tres tiempos
Esta primera entrega abrió una trilogía que se puede recorrer casi como un arco propio dentro del cine de aventuras de fines de los noventa y de la década siguiente. La de 1999 presenta a la pareja central y establece el cruce de géneros que define esta versión del personaje; la de 2001 lleva la historia a un segundo enfrentamiento con Imhotep y consolida la dupla Fraser-Weisz; y la de 2008, ya con un elenco encabezado por Brendan Fraser pero con Rachel Weisz fuera del reparto y el ingreso de Jet Li como el emperador Dragón, corre el foco hacia China y le da a la saga un cierre de etapa antes del regreso del personaje en clave más oscura, años después. Mirar las tres en orden permite ver cómo se va corriendo el centro de gravedad de la aventura: de Egipto a Londres y de Londres al Lejano Oriente, siempre con la momia como motor.
Lo que me sigue conquistando de esta La momia es esa capacidad de Sommers para meter al monstruo clásico de Universal adentro de una película que no se queda en el susto fácil, sino que le abre la puerta al humor, al romance y a la aventura a lo grande. Si te gusta el cine de exploraciones, maldiciones y parejas que se discuten mientras corren por pasadizos secretos, esta trilogía es una de esas que vale la pena revisitar, empezando por la noche en que Imhotep volvió a caminar.
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