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La moda argentina como archivo vivo: cuando un guardapolvo o un tapado cuentan la historia de un país

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires inauguró "Vestir mundos", una muestra que recorre cuatro décadas de diseño de indumentaria argentino y lo lee como un documento de las crisis, las identidades y los debates ambientales que atravesaron al país.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 11 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Llego a la vereda del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires con la idea de ver cuadros, y termino detenido frente a un guardapolvo blanco colgado como si fuera una reliquia familiar. Es que la nueva exposición que acaba de abrir sus puertas, y que permanecerá hasta el 1 de julio de 2027, propone exactamente eso: tratar a la ropa como un documento, como un papel de archivo que guarda las marcas de su tiempo. La muestra se llama "Vestir mundos" y está organizada junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), con curaduría de Franco Chimento y Raúl Flores, que armaron un recorrido por seis núcleos temáticos para demostrar que el diseño de indumentaria argentino, desde fines del siglo XX hasta hoy, puede leerse como una radiografía de las crisis, los debates ambientales y las identidades culturales que moldearon al país.

Crisis convertidas en materia prima

Los primeros núcleos de la exhibición se internan en las respuestas creativas que surgieron de las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y comienzos de los dos mil. Allí aparece la firma Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, que con fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para redefinir qué se entiende por sofisticado cuando todo escasea. También se exhibe "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), una colección realizada junto a la Cooperativa La Juanita que resignificó al guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado, ese mismo guardapolvo que, según la mirada de los curadores, dejó de ser solo una prenda de uniforme para convertirse en bandera de dignidad y esfuerzo colectivo.

“Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia.”Franco Chimento, curador

Sostenibilidad, tradición y futuro

Otro de los ejes fuertes es el de la sostenibilidad, donde el recorrido se detiene en distintos modos de entender el vestir como un gesto responsable. El colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano hasta hacerlas parecer nuevas. Juliana García Bello, en tanto, trabaja con ropa heredada y manteles donados, dándoles una segunda vida que también es un homenaje a quienes los usaron antes. Y la firma Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje al terreno de las subculturas nocturnas, sin distinción de género ni de temporadas, como si el boliche fuera el laboratorio perfecto para probar qué pasa cuando se rompe la lógica del guardarropa clásico.

  • MANTO, de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas del norte argentino y produce prendas en lana de oveja y pelo de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea.
  • La diseñadora salteña Roxana Liendro traslada técnicas de orfebrería, como el repujado y el cincelado, sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
  • Las búsquedas más recientes apuntan a la biotecnología y la producción circular, con diseñadores como Romina Cardillo, que integra que incorporan organismos vivos a la moda.

Salgo del museo con la sensación de que cada diseñador que vi en las salas estuvo haciendo, a su manera, una crónica de lo que pasaba afuera: de las crisis que vaciaron los bolsillos, de los debates ambientales que empezaron a cambiar la manera de producir, de las tradiciones regionales que resisten el paso del tiempo y de las búsquedas tecnológicas que empiezan a asomar. "Vestir mundos" no es solo una muestra de moda: es un archivo abierto donde un tapado, una remera o un guardapolvo terminan contando, mejor que muchos libros, cómo fue y cómo es ser argentino en cada época. Por eso, si el lector tiene la chance de acercarse al Moderno antes de mediados de 2027, vale la pena hacerlo con tiempo: la exposición pide recorrerse despacio, como quien hojea un álbum de fotos familiares que, sin querer, termina siendo también la historia de un país entero.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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