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Martes, 20 de octubre de 2026
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La misma casa, dos infancias: por qué los hermanos guardan memorias tan distintas

La edad de los padres, el lugar en la fratria y el contexto familiar cambian con cada hijo y moldean recuerdos que parecen no ser de la misma familia.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 3 min de lectura
La misma casa, dos infancias: por qué los hermanos guardan memorias tan distintas

Lo veo seguido en mi propio grupo familiar, y me animo a decir que a usted, que está leyendo, le pasa algo parecido: en cada reunión de hermanos, tarde o temprano alguien suelta una frase del tipo "yo me acuerdo de otra cosa", y a partir de ahí se abre una discusión que nadie gana. Una hermana mayor jura que en la casa no se podía hablar de plata; el menor asegura que nunca escuchó un grito. Los dos crecieron bajo el mismo techo, durmieron en las mismas habitaciones, sentaron las nalgas en las mismas sillas de la mesa familiar, y sin embargo relatan infancias que parecen haber ocurrido en direcciones distintas. La buena noticia es que no se trata de mala fe ni de un problema de memoria caprichosa: hay razones concretas, documentadas, para que eso ocurra, y conocerlas puede aliviar conflictos que se arrastran durante décadas.

Los padres no son los mismos con cada hijo

Cuando uno se detiene a pensarlo, lo primero que aparece es algo elemental pero que solemos pasar por alto: los padres son personas que también cambian con el paso de los años. Un padre de 25 años no es la misma persona que un padre de 40, y mucho menos que uno de 50. En el medio pueden haber ocurrido duelos, crisis de pareja, mudanzas, dificultades económicas, cambios de trabajo, separaciones, terapias, nuevos amores y problemas de salud. Cada hijo, entonces, llega al mundo en un momento distinto de esa historia y convive con una versión diferente de sus progenitores.

“Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

A ese cambio de los adultos se le suma otro factor que pesa mucho y que a veces se subestima: el lugar que cada hijo ocupa dentro de la fratria, es decir, en la constelación de hermanos. Desde muy chicos pueden quedar fijados ciertos roles: el responsable, el sensible, el que necesita ayuda, el exitoso, el rebelde, el que se las arregla solo. Esos rótulos, que muchas veces nacen sin mala intención, terminan tiñendo la experiencia cotidiana y la forma en que cada uno procesa lo que vive en la casa.

Lo que dice la evidencia y lo que sugiere la clínica

  • Un estudio publicado en la revista The Journals of Gerontology entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias y encontró que la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerdan de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia.
  • Las discrepancias más marcadas aparecen en torno al afecto recibido, la disciplina aplicada y los conflictos vividos.
  • Las diferencias suelen hacerse visibles en la adultez, cuando los hermanos se animan a comparar recuerdos y descubren que sus versiones no encajan.

Rivadero, a quien consulté mientras preparaba esta nota, me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda". La frase, si uno la piensa con calma, cambia por completo la conversación. El conflicto deja de ser quién miente y quién dice la verdad, y pasa a ser algo más interesante: dos personas que vivieron experiencias genuinamente distintas a partir de hechos compartidos.

Vuelvo entonces a esa mesa familiar donde discutimos los recuerdos. Si los padres no son los mismos con cada hijo, si el contexto cambia, si el lugar en la fratria cambia y si además la memoria es una construcción y no un archivo, entonces la conclusión es bastante razonable: no hay una sola infancia compartida, sino varias. Y entender eso, con la cabeza y con el corazón, suele ser el primer paso para dejar de pelearse por los recuerdos y empezar a escucharse de verdad.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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