La fórmula que reunió a once países para defender la memoria: qué aprendió la Argentina del estudio más grande de su tipo en la región
Investigadores de Latinoamérica, incluida la Argentina, siguieron durante dos años a más de mil adultos mayores para medir si una combinación de alimentación, movimiento, estimulación mental y control cardiovascular podía torcerle el brazo al deterioro cognitivo. Los resultados entusiasman, pero también marcan los límites de la estrategia.

Me acerco al encuentro y todavía tengo en la cabeza la imagen de doña María, una vecina de 72 años que vive en La Plata y que hace un tiempo me contó, mientras tomábamos mate en su cocina, que notaba que se le iban las palabras. Decía que a veces entraba a un cuarto y se olvidaba para qué había ido, y que eso le generaba una angustia que no sabía cómo nombrar. Por eso, cuando me tocó cubrir esta jornada en Buenos Aires sobre prevención de la demencia, pensé en ella: alguien que jamás pisó un congreso de neurología, pero que resume mejor que cualquier gráfico por qué estas investigaciones importan.
Porque la demencia no es solo un problema de médicos y laboratorios: es una preocupación de familias enteras que ven cómo un padre, una madre o un abuelo empiezan a perder el hilo de la conversación y, con él, pedazos de identidad. Y en un país que envejece a paso firme, la pregunta ya no es académica: qué se puede hacer hoy, en la vida cotidiana, para retrasar o atenuar ese deterioro.
Una estrategia con cinco patas
El eje del encuentro fue el estudio LatAm-FINGERS, el primero en su tipo diseñado para la realidad latinoamericana. Reunió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años, repartidas en 11 países de la región, y las acompañó durante dos años con una intervención integral que combinó cinco frentes.
- Alimentación saludable, adaptada a los productos y costumbres de cada país.
- Actividad física regular, adaptada a las posibilidades de cada participante.
- Entrenamiento cognitivo, con actividades para ejercitar la memoria, la atención y el lenguaje.
- Fortalecimiento de los vínculos sociales, un factor que suele quedar afuera de las recomendaciones médicas.
- Control estricto de los factores de riesgo cardiovascular: presión arterial, glucosa, colesterol y tabaquismo, entre otros.
Lo que distingue a este trabajo, según me contaron en la sala, es que no probó un solo hábito por separado, como hicieron muchos estudios anteriores. Apostó por la combinación, convencido de que el cerebro se cuida como se cuida el corazón: con varias decisiones simultáneas, sostenidas en el tiempo.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
Crivelli fue una de las voces más claras de la jornada. Insistió en que no se trataba de copiar recetas de Helsinki o San Pablo, sino de pensar qué come la gente, cómo se mueve, qué lugares tiene para encontrarse. En Argentina, por ejemplo, la propuesta alimenticia se apoyó en pautas que combinaban frutas, verduras, legumbres y pescado, pero también en el mate y en la sobremesa, porque la comida, acá, es un hecho social antes que un plan nutricional.
Dos modalidades, una misma idea
Los participantes fueron divididos en dos grupos. Uno recibió una intervención más estructurada, con actividades programadas y contactos frecuentes con equipos de salud. El otro funcionó con recomendaciones más generales y mayor autonomía para incorporarlas. Ambos, eso sí, contaron con orientación preventiva desde el inicio.
Los resultados preliminares mostraron una mejora en la cognición global entre quienes siguieron el acompañamiento más intensivo. La adhesión fue otro dato relevante: el 80 por ciento tuvo un cumplimiento moderado o alto de las pautas, y casi el 85 por ciento completó la evaluación final, una cifra llamativa para un estudio de esta duración y complejidad.
Ahora, como me aclaró un investigador con cara de cansado pero satisfecho al final de la jornada, estos hallazgos no equivalen a una promesa. No existe todavía una rutina saludable que garantice, por sí sola, que una persona no vaya a desarrollar demencia. Lo que sí empieza a mostrar la evidencia es que la combinación de hábitos puede inclinar la balanza unos grados a favor de quien los sostiene, sobre todo cuando arranca antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Me fui del encuentro con una sensación que me cuesta poner en palabras, una mezcla entre el alivio de saber que la ciencia está mirando este problema con seriedad y la conciencia de que, mientras tanto, hay miles de personas como doña María esperando algo concreto. Los expertos coinciden en que los próximos pasos pasan por entender cómo mantener estos cambios en comunidades con menos recursos, en sistemas de salud que ya están al límite y en contextos donde, a veces, sobrevivir ocupa toda la energía.
Vuelvo a pensar en ella, en su cocina de La Plata, en el mate que ya se habrá enfriado mientras yo escribo esta nota. Si algo me dejó el encuentro es que cuidar la memoria no requiere grandes proezas ni inversiones imposibles: alcanza con revisar la presión, controlar la glucemia, moverse un poco más, desafiar al cerebro con un libro o una conversación, y rodearse de gente. Cinco decisiones que, sumadas y sostenidas, pueden cambiarle el destino a mucha gente común.
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