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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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La fila que no se achicó: mil lectores fueron a buscar a Emmanuel Carrère a la Facultad de Derecho

El escritor francés presentó Koljós en el FILBA, fue entrevistado por Leila Guerriero ante un auditorio colmado y pasó por Eterna Cadencia. Una crónica de su paso por Buenos Aires, con la sala llena y la calle cortada de gente.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 4 min de lectura
La fila que no se achicó: mil lectores fueron a buscar a Emmanuel Carrère a la Facultad de Derecho

Son las siete y algo de la noche del viernes 2 de octubre y la calle junto a la Facultad de Derecho de la UBA parece una cortada de riverencia popular: la gente se apretuja contra las verjas, mira los relojes, se queja del frío y nadie se va. Adentro, adentro del auditorio, está por pasar algo que el tamaño de la cola ya anuncia desde afuera. Casi mil personas, calculan los organizadores, terminaron ocupando butaca y pasillo para escuchar a un parisino de 68 años que vino a presentar un libro y se llevó puesto el esquema de cualquier viernes de primavera. Emmanuel Carrère, ganador del Prix des Prix y del Premio Princesa de Asturias, pisaba Buenos Aires invitado por el Festival Internacional de Literatura, el FILBA, y la excusa editorial se llamaba Koljós, su novela de 2025.

Yo lo vi subir al escenario con una camisa a cuadros abierta sobre una remera negra y unas zapatillas que descolocaban un poco a quien espera a un autor europeo algo solemne. Lo recibió una ovación que tenía más de recital que de conferencia, y la encargada de poner la conversación a rodar fue Leila Guerriero, periodista y uno de los nombres propios del narrativo latinoamericano, que lo interpeló sin levantar la voz mientras el público contenía la respiración.

Un método hecho de obsesiones y de retornos

Lo que Carrère contó en esa hora y pico fue menos una clase magistral que un inventario de sus propios tropiezos. Habló de sus primeras novelas escritas como en trance, del bloqueo creativo que vino después y de la biografía de Philip K. Dick que funcionó como llave para salir de la parálisis. Pasó por De vidas ajenas, por El Reino, por Yoga, por V13, y cerró el recorrido en Koljós, un libro que vuelve hacia atrás, a la historia de su infancia y a la vida de sus padres, los dos fallecidos en 2023, con meses de diferencia. Una novela de orfandad, en definitiva, escrita por un hijo que todavía está aprendiendo a hacerse cargo del silencio que le dejaron.

“Una historia así de monstruosa en un punto tiene que ver con casi todos nosotros.”Emmanuel Carrère, sobre El adversario

Sobre El adversario, el libro en el que reconstruyó el caso de Jean-Claude Romand, ese hombre que mató a su mujer y a sus hijos para sostener una mentira durante años, Carrère reconoció algo que a mí, personalmente, me parece de lo más honesto que dijo en toda la noche: que estuvo dos años entero dando vueltas alrededor del proyecto, sin poder entrar, hasta que entendió algo incómodo. En la escritura, completó, hay que ir adonde uno no quiere ir, frase que a los que escribimos nos pega en un lugar bastante preciso, cerca del ombligo.

La matinée en Eterna Cadencia

Esa misma mañana Carrère se había sentado del otro lado del mostrador, en el bar de la librería Eterna Cadencia, para una conferencia de prensa con periodistas. Ahí lo vi distinto: frases más cortas, semblante afable, paciencia franciscana con las preguntas que se repetían de un medio a otro. Cuando le preguntaron por la inteligencia artificial y su relación con la literatura, soltó una frase que sonó a alivio y a chiste privado al mismo tiempo: dijo que tenía la suerte de ser demasiado viejo para que el problema fuera suyo. Los que estábamos ahí nos reímos, no sé si por alivio o por envidia.

  • Koljós (2025): retrato de la infancia del autor y de sus padres, fallecidos en 2023.
  • El adversario: reconstrucción del caso de Jean-Claude Romand, el hombre que mató a su familia para sostener una mentira.
  • De vidas ajenas, El Reino, Yoga y V13: los libros que completan un arco que va del reportaje a la autobiografía.
  • Una biografía de Philip K. Dick que funcionó como salida de un bloqueo creativo largo.

Y sin embargo, lo que a mí me va a quedar de este paso de Carrère por Buenos Aires no es ninguna frase en particular sino la imagen de la cola, esa masa de gente que eligió reorganizarle la semana a la posibilidad de verlo en persona. Había lectores que se habían leído todo lo que tradujo Anagrama en ediciones que andan por cualquier librería del país, y había otros que todavía no se habían leído nada y fueron igual, a ver qué onda, a probar. Carrère se fue el sábado, supongo que con la sensación habitual que le deben quedar estas giras: la de que en cada ciudad un puñado de desconocidos lo espera como si fuera un asunto personal. Y quizá lo sea. Porque al final de la noche, cuando la sala se vació y las luces del auditorio de la Facultad de Derecho volvieron a encenderse frías, lo que quedaba era eso: la certeza de que alguien vino a contar la historia de sus padres y casi mil personas se quedaron calladas para escucharla. Qué pequeño se vuelve todo cuando uno lo piensa desde una butaca de Buenos Aires.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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