La Batman que soñó Affleck y se quedó en un cajón: el guion que Manganiello recuperó entre sus páginas
El actor de Deathstroke repasa en sus memorias la película que nunca se rodó: un thriller con la marca de Fincher, la muerte de Gordon, la irrupción de Batgirl y un final calcado de un videojuego.

Me imagino la escena y se me eriza la piel. Un guion de Ben Affleck dando vueltas por una oficina de Warner, una historia pensada para él mismo como director, como protagonista, comoBatman. Y del otro lado, un actor que se había probado el traje de Slade Wilson esperando la señal de largada. Esa película no existe, pero existe la memoria de Manganiello, que la rescata en Bloodlines: A Memoir con el mismo amor con que se guarda un álbum familiar. Y lo que cuenta es una joyita.
Antes de seguir, vale la pena recordar quién es Joe Manganiello. Lo conocimos como el grandote sensible de True Blood, el tipo que podía romperte la cara y al rato desnudar el alma. Después llegó a Hollywood con todo: pasó por Magic Mike, se codeó con superhéroes en Spider-Man y terminó siendo el Deathstroke que Zack Snyder imaginó para el final de La Liga de la Justicia. Cuando Warner le dio luz verde a la idea de Affleck de tener su propio Batman, Manganiello tenía que ser su villano. El resto, como se dice, es historia: una historia que no se filmó.
Un thriller con perfume a Fincher
Lo más provocador de lo que revela Manganiello es el ADN del proyecto. Affleck no quería una película de superhéroes al uso. Quería un thriller psicológico, una versión con capas y colmillos de The Game, el clásico de David Fincher de 1997 en el que Michael Douglas se metía en una pesadilla que parecía un juego. En esta versión, Deathstroke aparece en la vida de Bruce Wayne con una certeza que lo consume: Batman mató a su hijo. Y a partir de ahí empieza la cacería.
- Slade Wilson irrumpe en la Baticueva y toma como rehén a Alfred Pennyworth.
- El comisionado Jim Gordon aparece muerto, un golpe emocional para Wayne y para la ciudad entera.
- Una nueva Batgirl, que Manganiello no nombra en los extractos, se suma al Caballero Oscuro para enfrentar a Deathstroke.
- Los dos terminan al borde de la muerte, acorralados, y la huida llega en un tren elevado de Gotham, una postal clásica de la saga.
- El cierre reserva un mano a mano callejero entre Batman y Deathstroke, sin más compañía que los dos puños y la ciudad vacía.
Cuando lo leí, pensé en esas peleas que uno se imagina de chico, en el patio de la casa, con la campera haciendo de capa. La idea de Affleck era que esa pelea final no pareciera una pelea de película de superhéroes, sino algo más sucio, más desesperado. Y acá viene el otro gran dato: Manganiello cuenta que Affleck le confirmó que el clímax iba a tomar como referencia directa la cinemática de apertura de Batman: Arkham Origins, el videojuego de 2013 cuya escena de arranque fue dirigida por Tim Miller, el mismo que después firmó Deadpool. Imagínenselo: las calles de Gotham, la lluvia, la música, los golpes con esa cadencia que tiene el juego. Era una secuencia para gritar en el cine.
El destino del personaje y el mapa que vino después
El proyecto murió antes de nacer. La etapa de Affleck como director y guionista del Batman se fue apagando entre desencuentros con el estudio y problemas personales que el propio actor hizo públicos. Manganiello se quedó con el traje en la percha. Y el personaje de Deathstroke, mientras tanto, se reacomodó en otro lugar del mapa: en 2022 llegó a los cines The Batman de Matt Reeves, con Robert Pattinson bajo la capucha, y se abrió una nueva etapa para el Caballero Oscuro. Hoy, con James Gunn y Peter Safran al frente de DC Studios, el horizonte del personaje se reparte entre The Brave and the Bold, el costado más aventurero con Damian Wayne como Robin, y la esperada The Batman Part II que Reeves ya tiene en marcha.
“Lo que Manganiello recupera no es un simple borrador: es la foto de una película que pudo cambiar la historia reciente de Batman y que se quedó flotando, como un eco, entre las páginas de un libro.”Ludmila Pintos
Si me obligan a elegir una sola escena de las que describe Manganiello, me quedo con la pelea final. No con la irrupción en la Baticueva, que también prometía ser un desgarro, ni con la muerte de Gordon, que es de esas decisiones narrativas que te dejan sin aire. Me quedo con el mano a mano, con esa idea de Affleck de traducir al cine la cinemática de Arkham Origins, con dos tipos golpeándose hasta sangrar mientras Gotham mira. Para mí, esa es la postal que se merece cualquier seguidor del personaje: cruda, íntima, con la ciudad como único ring. Y mientras Warner no se decida a revivirla, nos queda el consuelo raro y hermoso de haber leído, al menos, cómo se soñaba. Yo, por las dudas, voy a dejar Bloodlines: A Memoir en la mesa de luz. Nunca se sabe de dónde sale la próxima buena idea.
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