Julieta Prandi y Emanuel Ortega se dieron el sí en San Isidro: 36 testigos, la familia de Palito y un casamiento pensado como símbolo
La conductora y el músico formalizaron una relación que arrancó en pandemia, con un civil íntimo en el que la propia Julieta reconoció que ya convivían y que la boda era “más un símbolo”. El músico contó que él fue quien le propuso casamiento.

La imagen del Registro Civil de San Isidro, este martes 15 de septiembre, fue la de una jornada tranquila, con un pasillo corto hasta la sala de ceremonias y apenas 36 personas paradas alrededor de los novios. Ahí, con los papeleos firmados y los anillos ya en los dedos, Julieta Prandi y Emanuel Ortega terminaron de convertir en papel algo que, según contaron ellos mismos al salir, ya venía siendo una vida en común desde hacía tiempo. No hubo fiesta descomunal ni pasillo de alfombra roja: hubo familia, amigos muy cercanos y la decisión, netamente simbólica, de sellar por civil un vínculo que arrancó a mediados de 2020, en pleno aislamiento.
Una boda chica, casi secreta
La conductora, de 41 años, fue la primera en explicar por qué eligieron esa escala. Dijo, en diálogo con la prensa apostada en la puerta del registro, que a los invitados los habían avisado con poca anticipación porque la idea siempre fue armar una reunión pequeña y en familia. Y agregó, con una frase que desactiva cualquier lectura de novela: “Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo”. Esa aclaración, hecha por ella misma, le bajó el dramatismo al evento y lo dejó donde ella lo puso: en el terreno de lo simbólico.
Entre los presentes, la mirada se fue enseguida a una mesa ubicada al costado de la sala. Ahí estaban Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del músico, además de Martín Ortega, el hermano del novio. La presencia del histórico cantante y de la actriz le dio al civil un plus de peso simbólico: fue el artista pop que en los años sesenta cantaba “Yo tengo fe” el que vio casar a su hijo menor en un acto civil en el norte del conurbano.
Quién le propuso a quién
Emanuel Ortega, por su parte, habló con la sencillez de los días grandes. Agradeció las muestras de cariño que recibieron durante la jornada y se encargó de desinflar uno de los rumores que habían circulado: confirmó que fue él quien le propuso matrimonio a Prandi. Ella lo completó con una confesión que la pinta de cuerpo entero: “Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme”. Esa mezcla, la decisión concreta del músico sumada al costado romántico que ella misma se atribuye, es la postal que dejó la pareja al salir del registro.
Cómo arrancó todo y por qué se casaron ahora
- El vínculo se inició a mediados de 2020, durante el aislamiento por la pandemia.
- Los primeros contactos fueron por Instagram y, después, por llamadas.
- El encuentro presencial se produjo el 13 de agosto de ese año.
- Más adelante, decidieron convivir y armar una familia ensamblada.
Sobre la vestimenta, la pareja se tomó con calma el código de etiqueta. Prandi contó que lució un traje de seda blanco, compuesto por un blazer amplio y un top del mismo color. Aclaró que no había encargado el conjunto a un diseñador, aunque sí mandó a preparar el ramo. Completó el look con unos aros azules que le regaló una amiga, una pequeña dosis de sentimentalismo en una jornada pensada para estar en casa. Emanuel, en tanto, dijo que resolvió qué ponerse después de mirar el pronóstico del tiempo y revisar qué tenía colgado en el placard, una decisión tan doméstica como la boda misma.
Sin despedida ni destino confirmado
Antes de despedirse, Prandi agregó un dato que descolocó a más de uno: no hubo despedida de soltera. Y confirmó que, en los próximos meses, la pareja tiene previsto hacer un viaje de luna de miel, aunque evitó precisar el destino y la fecha. Mientras tanto, los recién casados se llevaron el aplauso tibio de los móviles de la prensa y la calidez de un grupo chico que, según la propia novia, era lo único que hacía falta para que el día valiera.
Si hay algo que esta boda deja como enseñanza, es que no siempre hace falta un vestido de diseñador, un salón con quinientas personas ni una fecha anunciada con bombos y platillos para que un casamiento pese. A veces, basta con un registro civil, un traje de seda blanca elegido sin ayuda profesional, unos aros regalados por una amiga y 36 testigos que se enteraron con pocos días de anticipación. Julieta y Emanuel eligieron eso, y al contarlo de ese modo, dejaron en claro que para ellos el casamiento no fue un punto de llegada sino un mojón cariñoso en una vida que ya venían construyendo juntos desde 2020.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Activision Pausa la Producción de Call of Duty: Warzone para Móviles

Cuando el más allá se parece a una clase de ética: cuatro temporadas para pensar(se) con The Good Place

