Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Juana Viale vuelve a calzarse el delantal de Mirtha mientras la abuela pelea contra la tos que no la deja volver al estudio

La Chiqui recibió el alta del Mater Dei pero todavía carga una bronquitis persistente. Su nieta conducirá la mesa del sábado con Repetto, Pfening, Menem, Navia y Bossi, mientras en lo de Mirtha suena el teléfono y se reprograman las clásicas meriendas.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 18 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo primero que uno imagina, cada vez que Mirtha Legrand se ausenta de la pantalla, es la imagen de su cabecera de mesa vacía, esa madera lustrada que durante décadas fue trono y confesionario de la televisión argentina. Esta semana, otra vez, esa silla la va a ocupar Juana Viale, su nieta, esa chica que cuando se pone el delantal parece sacarse de encima diez años y heredar, junto con la cocina del estudio, la gravedad y la sonrisa de la abuela.

Yo lo vivo como una especie de traspaso silencioso, casi litúrgico: mientras Mirtha pelea en su casa contra una tos que no termina de irse, Juana se sienta en la cabecera del ciclo con la responsabilidad de sostener un domingo que, para muchos televidentes, es un rito tan argentino como el vermú con hielo. La conductora tiene 99 años, recibió el alta del sanatorio Mater Dei y, según contó su hija Marcela Tinayre, lo único que falta para que vuelva al trabajo es que esa tos ceda de una vez.

La mesa del sábado, con invitados para todos los gustos

  • Juana Repetto, que vuelve a la pantalla después de su maternidad.
  • Guillermo Pfening, actor de los que no se pierden una temporada.
  • Martín Menem, político con apellido conocido y declaraciones filosas.
  • Álvaro Navia, la voz y la cara del Uruguay más cercano.
  • Jésica Bossi, periodista y novelista, de esas invitadas que arman polémica con una pregunta.

El parte médico del centro de salud había sido claro y, a la vez, cuidadoso: la señora Legrand iba a seguir recuperándose en su casa para retomar con sus actividades lo antes posible. El alta se firmó un domingo por la tarde, cinco días antes de la actualización sobre su estado, y desde entonces en el domicilio de la conductora hay un movimiento que mezcla lo clínico y lo humano: médicos que la controlan, asistentes que organizan la agenda, y amigas y amigos que se acercan a visitarla y a compartir algún almuerzo.

Porque a Mirtha, ya se sabe, no le alcanza con mirar la vida por televisión: la quiere oler, masticar, comentar de cerca. Por eso duele especialmente que sus famosas meriendas dominicales lleven ya dos semanas suspendidas y todavía no haya confirmación de cuándo volverá a abrir la puerta para recibirlos. La quietud en lo de Legrand, para los que la conocen, es casi un síntoma de que la convalecencia va en serio.

Antes de esta internación, la Chiqui había tenido un agosto muy activo, de esos que a los 99 años sorprenden hasta al más optimista. A mediados de mes se la vio en el teatro Liceo para acompañar a Carlos Rottemberg en la presentación de su libro Pasen y Lean, un título que, mirado con ojos de hoy, parece un guiño a su propia carrera. También fue a ver Secreto en la montaña, con Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe, y concurrió con amigos a una de las funciones de Midachi en su despedida, tres salidas que hablan de una mujer que sigue eligiendo dónde poner el cuerpo y la mirada.

“Voy a ser centenaria y voy a seguir viniendo, recibiendo el beso y abrazo de todos mis colegas.”Mirtha Legrand, al recibir el Martín Fierro a la labor periodística femenina, en mayo

Esa frase, que ella dijo en mayo cuando le entregaron el Martín Fierro a la labor periodística femenina, es la que ahora suena como un mantra en la casa donde se repone. Mientras tanto, Juana vuelve a ponerse al frente del programa con la naturalidad de quien ya se sabe heredera temporaria de un imperio construido domingo a domingo, y uno, como televidente, no puede menos que reconocer que hay algo profundamente argentino en ese ida y vuelta entre abuela y nieta, entre el estudio que nunca se apaga y la casa donde la tos, por fin, se empieza a ir.

Mi recomendación, si este sábado se sientan a la mesa con Juana, es mirarla con la atención que merece: no es un reemplazo, es un puente. Y mientras esperamos el regreso de Mirtha, que la tos le dé un respiro y la deje volver a su cabecera, vale la pena disfrutar de una emisión que, otra vez, tiene a la familia como protagonista principal.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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