Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Fito Páez al piano, con el deseo de pararse frente a una orquesta y la sombra siempre viva de Charly García

El rosarino pasó por Otro día perdido, cantó sus clásicos y se abrió en una charla donde contó que quiere aprender a dirigir una orquesta. También recordó la gira con Charly, la melena de espaldas al público y un oficio que le quedó marcado a fuego.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 23 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me lo imagino todavía sentado frente a las teclas, con esa manera que tiene Fito Páez de meterse de lleno en un piano como si fuera una conversación íntima. El escenario de Otro día perdido, el programa de Mario Pergolini, recibió al rosarino con una postal que ya es marca registrada: él, las manos en el piano, y un repertorio que va de la melancolía al estallido. Lo vi arrancar con Al lado del camino y el estudio entero se quedó en silencio, como suele pasar cuando un tema así entra sin pedir permiso.

Pero esta vez lo musical no fue lo único. Fito se sentó a charlar y se largó con una confesión que me llamó la atención: quiere aprender a dirigir una orquesta. Lo dijo con esa mezcla de entusiasmo y seriedad que tiene cuando habla de música como oficio y no como show. Me parece que en esa frase está condensado el momento que atraviesa: un artista con cuatro décadas de carrera que todavía se imagina un horizonte pendiente.

La máquina orquestal como nueva obsesión

"Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona", soltó Fito, y la frase quedó rebotando un rato en mi cabeza. No es un capricho de estrella rockera: es la curiosidad del compositor que quiere entender cómo se sostiene un sonido enorme en vivo, cómo se respira una agrupación de músicos, cómo se le marca el pulso a cuarenta personas con una batuta. Para un tipo que viene de la canción popular y del rock, asomarse a la dirección orquestal es abrirse a otro idioma musical, uno más antiguo y más estricto, y eso, justamente, parece estimularlo.

Charly, de espaldas y con la melena como bandera

Pergolini le tiró una de esas preguntas que a mí me hubiera encantado formular: por qué Charly García tocaba de espaldas al público en la gira que compartieron. Fito arrancó con humor, como hace siempre cuando habla del Flaco: "Hay que preguntarle a Charly". Pero después se puso serio y empezó a desarmar la imagen. Para él, aquella decisión no era capricho ni provocación: era una idea visual, casi pictórica. García quería que el público viera una melena en movimiento, como si el escenario fuera un cuadro y el pelo fuera el pincel.

Fito lo piensa a Charly en capas: compositor, intérprete, director de lo que pasa en escena. Y al mismo tiempo lo cuenta como un aprendizaje suyo, de los que se llevan para toda la vida. "Me sirvió porque aprendí un montón", resumió, y en esa frase hay un reconocimiento enorme: décadas después, sigue acknowledging al maestro, sigue acknowledging la escuela, sigue acknowledging el oficio que le dejó compartir camarines y escenarios con alguien así.

La memoria de las canciones que se van perdiendo

Me detuve especialmente en un tramo de la charla que me pareció de los más valiosos. Fito contó que, hace unos quince años, armó un concierto entero con temas de Charly que él daba por archiconocidos. Y se topó con una sorpresa que lo dejó preocupado: había gente que no los reconocía. No es un dato menor viniendo de alguien que mide las cosas con el reloj de la historia del rock argentino. Lo dijo como una advertencia y como una pena: las canciones que damos por instaladas en la cultura pueden borrarse más rápido de lo que uno imagina.

El cierre, otra vez en el piano

Después de tanta charla, el programa volvió a su cocina de siempre: pedirle canciones al invitado. Fito regresó al piano y se mandó los temas que le solicitaron Pergolini y los panelistas Evelyn Botto y Agustín "Soy Rada" Aristarán. Es el juego clásico del ciclo y Fito lo juega como nadie, porque tiene repertorio de sobra y porque al piano, sin red, se muestra tal cual es.

“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona.”Fito Páez
  • La confesión sobre la dirección orquestal, como nuevo proyecto a futuro.
  • La explicación sobre Charly García tocando de espaldas: una decisión visual y un aprendizaje que Fito se sigue llevando.
  • El recuerdo del concierto íntegramente dedicado a canciones de García y la preocupación por la fragilidad de la memoria musical.
  • El regreso al piano para cerrar con los temas pedidos por Pergolini, Botto y Rada.

Una recomendación, a mi manera

Si te pasa como a mí y este tipo de notas te despiertan ganas de volver a un disco, mi recomendación es ir derecho a El amor después del amor y dejarlo correr de punta a punta. Es el disco donde Fito empezó a pensar la música como un universo, con arreglos que ya miraban de reojo a la orquesta. escucharlo hoy, después de escucharlo contar que quiere aprender a dirigir una, es entender que el deseo no es nuevo: viene de lejos, y por fin está encontrando su forma.

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Ludmila PintosCultura y carnaval

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