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El rumor que se impone: cuando un desmentido no alcanza para apagar el fuego

El cruce entre Ángel de Brito y Migue Granados volvió a poner en escena una pregunta que sobrevuela al mundo del espectáculo: ¿qué pasa cuando un trascendido circula aunque su protagonista ya salió a desmentirlo en privado?

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 27 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura
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Volvamos a poner la lupa sobre lo que pasó esta semana, porque lo que arrancó como un rumor de pasillo terminóconvertido en un cruce público con sello propio. La imagen es elocuente: dos sillones, dos micrófonos y dos egosdel mundo del streaming midiéndose en una pasarela que ya parece más propia de un corsódromo que de una redacción, con pasiones, palmas y alguna que otra piña virtual que se escucha hasta en la última fila. Lo que se vio fue un nuevo capítulo de la disputaentre Ángel de Brito y Migue Granados, esta vez a partir de un trascendido sobre un posible cambio societario en OLGA, el canal de streaming que ambos conocen desde adentro y desde afuera, según el ángulo.

La mecha se encendió cuando en LAM, el ciclo que De Brito conduce por el stream de Canal 9, se instaló la versión de que Granados habría vendido su participación en el canal. Lo delicado es el método: el propio conductor reconoció que le preguntó en privado a Granados y que éste le negó la operación. Aun así, la hipótesis se sostuvo al aire, esta vez con condimento extra, porque se sugirió que, de haber existido una venta, el supuesto comprador habría pagado una cifra muy importante y que Granados seguiría ligado al proyecto, aunque sin la conducción diaria, supuestamente por agotamiento.

Un cruce con chicana incluida

La respuesta llegó rápido y por la vía que más le gusta a esta generación: X, ex Twitter. Granados compartió un recorte del segmento y fue al hueso: El tipopregunta en privado. Le contás que no y cuenta que sí. La chicana duele porque desnuda lo que, a su entender, es una lógica perversa: la negación del protagonista no sirvió para frenar la difusión del rumor, y eso, para quien lo sufre, termina siendo casi peor que si no hubiera desmentido nada.

“El tipo pregunta en privado. Le contás que no y cuenta que sí.”Migue Granados

De Brito devolvió la gentileza con una dosis de ironía que ya es marca registrada en estos cruces: le sugirió escucharmejor y lo tildó de streamer de cristal. La expresión, que ya había usado antes, vuelve a poner en el centro una idea que al conductor de LAM le gusta repetir, la de que hay una generación de figuras digitales más delicada que la televisión de antes. Granados, fiel a su estilo, eligió el humorpara cerrar: ¿Vos me estás mandando a drogar, Ángel?, le escribió, y por esa noche el tema se enfrió, al menos en lo público.

Una pelea que viene de lejos

  • Hay un antecedente claro: meses atrás, cuando Granados evitó una nota en un canal de televisión, De Brito lo había calificado de llorón y lo había comparado con Nico Occhiato, a su entender un referente más sólido de la nueva generación de streamers.
  • La disputa arrastra también un reproche más de fondo, que es el vínculo entre la televisión abierta y las plataformas digitales, dos mundos que conviven, se retroalimentan y, a la vez, se miran de reojo.
  • Lo que queda flotando es el rumor societario en sí: la única respuesta conocida sigue siendo la negativa de Granados, y ninguna aparición pública posterior lo confirmó ni lo desmintió de manera categórica.

En medio del ida y vuelta, De Brito mencionó además que Verónica Lozano y Leo Monterohabrían recibido propuestas para conducir una franja en OLGA, algo que ninguno de los dos terminó aceptando. El dato no comprueba ninguna transferencia ni la descarta, pero alimenta el clima de época: la sensación de que algo se mueve puertas adentro de un canal que creció al ritmo de la pandemia y que ahora enfrenta el desafío de sostenerse sin perder identidad.

A mí, que llevo años mirando el carnaval mediático desde la tribuna de la cultura, este episodio me deja una sensación conocida. Es la del desmentido que convive con el trascendido, el de la versión que sigue circulando aunque su protagonista ya la haya apagado en privado, y la del periodismo del espectáculo que suele vivir en esa zona gris donde el puede ser y el no fue se mezclan en la misma frase. Lo que Granados señaló, con razón o sin ella, es que pedir la palabra del protagonista y, al mismo tiempo, sostener el rumor como hipótesis válida termina siendo un juego donde la aclaración siempre llega tarde.

De Brito, por su parte, sostiene una postura que también es conocida: aclara cada vez que la información no está verificada, pero no renuncia a ponerla en juego. En sus propias palabras, él mismo se cuida de marcar el carácter no confirmado del dato, lo que, a su entender, lo libera de la acusación de instalar falsedades. La pregunta que queda dando vueltas en el aire, y que los lectores de este portal merecen hacerse, es dónde termina el trascendido legítimo y dónde empieza la difusión de un dato que ya fue desmentido por su propia fuente.

La recomendación para entender el episodio

  • Antes de comprar un trascendido como verdad, vale la pena chequear si el protagonista fue consultado y qué dijo: en este caso, la negativa fue pública y clara.
  • Mirar elEpisodio completo del cruce, porque los recortes de redes suelen perder el contexto y la segunda parte de la frase suele ser la más importante.
  • Recordar que la repetición de un rumor no lo convierte en hecho: por más veces que circule, un desmentido directo sigue pesando en el debe de quien lo difundió.
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Ludmila PintosCultura y carnaval

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