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El ropero de La One, reconstruido pieza por pieza en un taller de Palermo

Florencia Tellado, sombrerera y vestuarista con 22 años de carrera en publicidad, terminó el trabajo más ambicioso de su vida: vestir a Griselda Siciliani como Moria Casán en la serie biográfica. Cuenta cómo fue armar un archivo entero para una diva que no necesita presentación.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

El audio le llegó un domingo a la tarde, en medio de un cumpleaños infantil, con el ruido de chicos gritando de fondo y el celular que no paraba de vibrar. Del otro lado, un director audiovisual que ya había trabajado con ella en publicidades le propuso algo distinto, algo grande: hacer el vestuario de la serie biográfica sobre Moria Casán, con Griselda Siciliani en el papel principal. Florencia Tellado, que por entonces tenía 22 años metidos en el oficio y nunca había pisado un rodaje de ficción, dice que se quedó callada unos segundos, dejó el audio en pausa, y pensó lo que cualquier persona en su lugar hubiera pensado: que estaba loca, que no daba el piné, que la iban a descubrir en cualquier momento. Después respiró, volvió a escuchar el mensaje, y empezó a tomar nota. Esa decisión, casi impulsiva, la terminó empujando a pasar siete meses —de julio de 2025 a febrero de 2026— armando de cero el ropero de la diva más extravagante del espectáculo argentino.

Desde el primer momento tuvo claro que el desafío no era menor. La serie recorre toda la vida de Moria, pero no en orden cronológico, así que los vestidos tenían que poder hablar de distintas épocas y, al mismo tiempo, mantener una coherencia visual que el espectador pudiera leer de un capítulo al otro. "Lo único que tenía en la cabeza era a Moria", cuenta Florencia desde su flamante taller de la calle Matienzo, en Palermo, un loft de 145 metros cuadrados con luz natural que acaba de inaugurar y al que todavía le falta una mano de pintura en la pared del fondo. "Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único. Es alguien que tiene un ADN estético muy marcado, y eso es un alivio y un problema al mismo tiempo: te dice por dónde ir, pero te obliga a ser muy preciso para no quedarte en la caricatura."

Una pieza a medida, una pieza de feria

El método de trabajo fue, según sus propias palabras, de artesanal y a la vez industrial. Los trajes más importantes, los que usan las actrices en escenas centrales, se hicieron a medida en el taller, con pruebas, ajustes y reuniones por videollamada en las que se decidían colores, texturas y volúmenes. El resto del universo se completó con piezas alquiladas en vestuaristas históricos de Buenos Aires, otras compradas y, sobre todo, con muchísimo material vintage salido de ferias americanas. Florencia cuenta que durante los meses de producción fue armando una rutina casi detectivesca: recorría puestos de San Telmo y de otros barrios, abría percheros al azar, descartaba el noventa por ciento con la misma velocidad con la que elegía el diez restante. Lo que servía pasaba por un filtro muy personal. "Tiene un estilo muy definido. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no. Es como un instinto: lo ves y lo reconocés, o lo ves y sabés que no va a entrar nunca en este universo."

“Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único.”Florencia Tellado, vestuarista y sombrerera

Una reunión, un café y la única vez con La One

A lo largo de los siete meses de producción, Florencia tuvo un único encuentro cara a cara con Moria Casán. Fue un café, en una confitería porteña, en el que la diva se sentó con su inseparable presencia y le contó, sin demasiada solemnidad, qué le gustaba y qué no. El resto del vínculo fue siempre por WhatsApp, con mensajes cruzados a deshora, fotos de bocetos y de telas, y alguna que otra devolución seca, del estilo "ese color no, nena". Florencia dice que entendió perfectamente: con una persona que construyó su imagen durante seis décadas, cualquier observación es una clase gratis de historia de la moda local.

La otra carrera: la sombrerería

Antes de esta serie, la fama de Florencia en el ambiente venía sobre todo por su faceta de milliner, es decir, diseñadora de sombreros. Se formó con tres maestros que vale la pena nombrar: Hilda Juárez, sombrerera histórica del Teatro Colón; Laura Noetinger, la argentina elegida por la reina Máxima de Holanda; y Noel Stewart en Londres, una británica con taller en la zona de Bloomsbury que trabajó para marcas como Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa temporada londinense, Florencia rescata sobre todo una idea que repite como un mantra: la disciplina del silencio y la precisión, porque en sombrerería un error mínimo —un centímetro de más en el ala, una inclinación mal calculada— arruina el resultado final, y no hay Photoshop que lo arregle. Esa obsesión por el detalle, dice, fue la que después le permitió sostener un proyecto tan delicado como el de la serie de Moria, donde cada accesorio tenía que estar perfectamente calculado para que el conjunto respirara.

Lo que viene: Lady Gaga y el sueño inglés

Después del vértigo de la serie, Florencia se tomó unos días para ordenar el taller, responder mails atrasados y, sobre todo, para mirar hacia adelante con una claridad que antes no tenía. Tiene 43 años, dos décadas de carrera en publicidad, una incursión inesperada y exitosa en la ficción, y un nombre que empieza a sonar en lugares que antes le parecían lejanos. Dice que su próximo gran desafío personal, el que repite cada vez que le preguntan por el futuro, es vestir a Lady Gaga, una artista que, según ella, comparte con Moria esa cosa tan rara de entender la ropa como una continuación del cuerpo, como una manera de habitar el escenario. Mientras tanto, sigue recibiendo encargos, abriendo cajas de telas y, cada tanto, yendo a recorrer ferias americanas con la misma mirada afilada de siempre. Yo la escuché y me fui pensando que, en un país donde los oficios vinculados a la moda suelen quedar en la invisibilidad, contar la historia de alguien como ella es también una manera de recordar que detrás de cada imagen que llega a la pantalla hay alguien durante meses eligiendo, descartando, midiendo, volviendo a empezar.

Soy Esteban Zapata, de la sección Sociedad y vida, y esta es apenas una de las miles de historias que están pasando ahora mismo en los talleres, los sets y las ferias de esta ciudad, donde la próxima gran creación muchas veces todavía no tiene nombre.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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