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Lunes, 12 de octubre de 2026
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El final abierto de "El Castillo": por qué sus guionistas dejaron la puerta sin cerrar

Isabel Peña y Eduardo Villanueva, la dupla que escribió la miniserie sobre trata basada en el libro de Mabel Lozano, cuentan cómo decidieron no ofrecer un cierre esperanzador y qué quisieron transmitir con la última imagen.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 5 min de lectura
El final abierto de "El Castillo": por qué sus guionistas dejaron la puerta sin cerrar

Imaginate la pasarela del corsódromo encendida a pleno, con las comparsas todavía acomodando los trajes, y de pronto alguien te dice al oído: la fiesta más esperada del carnaval no siempre termina con un gran aplauso final, a veces el silencio después del último redoble dice mucho más que cualquier estrofa. Algo así me sucedió al terminar de ver "El Castillo", la miniserie que adapta "El proxeneta", el libro de no ficción de Mabel Lozano, y todavía seguía dando vueltas con la imagen del cierre cuando me crucé con las palabras de sus guionistas, Isabel Peña y Eduardo Villanueva, la misma dupla que escribió "Antidisturbios". Lo que ellos contaron en una entrevista reciente me terminó de ordenar la cabeza y, a la vez, me dejó con más ganas de discutir.

Un sistema que no se apaga con una resolución

Lo primero que me llamó la atención, y te lo cuento porque me parece lo más fuerte de todo lo que dijeron, es la decisión de no cerrar la historia con un final optimista ni con un castigo ejemplar al villano de turno. Villanueva lo dijo con una frase que a mí me resonó en la cabeza como un parche de batería: la serie "habla de un sistema, y el sistema está por encima de los individuos y de las cosas concretas que sucedan". Por eso la última escena muestra al personaje conocido como el Suizo, interpretado por un actor cuyo nombre no figura en el material que tengo a mano, volviendo a hacer exactamente lo mismo que hacía al principio, en una imagen que evoca el arranque y que a mí, te soy sincera, me dejó con una sensación amarga en el pecho. "Había una cosa de querer contar que esto ha pasado, pasa y va a seguir pasando", agregó el guionista, y la verdad es que esa definición del tiempo presente me parece de las cosas más honestas que escuché sobre trata en mucho tiempo.

Y acá viene otro punto que a mí me parece clave, porque muchas veces cuando se aborda la trata de personas en una ficción se cae en uno de dos extremos: o se muestra a las víctimas como una masa indiferenciada de cuerpos sufrientes, o se las "embellece" tanto que casi parecen heroínas de una postal. Peña fue muy clara al respecto y me parece que vale la pena ponerlo en sus palabras: "No queríamos que las mujeres fueran una informe masa de víctimas y de cuerpos perfectos". Esa frase, leído en voz alta, suena como una declaración de principios, y para una historia como "El Castillo" es casi un manual de cómo pararse frente a un tema tan delicado sin traicionar a nadie.

Claudia, el Suizo y los investigadores: tres formas de mirar lo mismo

El arco de Claudia, la joven interpretada por Valentina Vidal, es probablemente el que más preguntas me dejó. Yo, cuando vi el último capítulo, esperaba algún tipo de abrazo cinematográfico, un momento de catarsis, y sin embargo lo que encontré fue otra cosa. Peña aclaró en la entrevista que, aunque no hay un final feliz en el sentido clásico de la palabra, sí hay una salida concreta para ella: la posibilidad de quedarse a vivir legalmente en el país y de ganarse la vida de manera digna. "Claudia ha conseguido lo que se ha propuesto y lo que en este momento también se ha ganado", dijo la guionista, y esa forma de medir el "final feliz" me parece mucho más honesta que el típico recurso de la chica salvada por un policía bueno.

Los investigadores, interpretados por Omar Ayuso y Laia Marull, tampoco se van con un triunfo bajo el brazo. Peña describió un cierre que, otra vez, no es optimista, pero sí transformador: cada uno vuelve a su lugar de siempre, a su escritorio, a su rutina, pero algo cambió adentro. Tanto Claudia como el Suizo, según sus palabras, les modificaron la mirada, y a mí esa idea me parece la más poética de toda la serie, porque termina diciendo que a veces lo único que podemos llevarnos de una historia así es una forma distinta de ver.

Lo que me llevo y lo que te recomiendo

Te soy franca: yo entré a "El Castillo" esperando una serie de thriller al uso, con un villano atrapado y una víctima rescatada en el último minuto, y terminé saliendo con una sensación parecida a la que te queda cuando termina un buen samba enredo, esa que no te abandona en todo el día. La miniserie tiene seis episodios y está disponible completa, y la verdad es que a mí se me pasaron volando, aunque el tema que aborda es de los más pesados que uno se pueda imaginar. Si te interesa el cruce entre periodismo de investigación y ficción, o si simplemente querés ver cómo se cuenta la trata sin golpes bajos ni estetizadas innecesarias, mi recomendación es que te sientes a verla con tiempo y sin el celular al lado. Y después, si te quedan ganas de discutir como me quedaron a mí, acá abajo te dejo tres puntas para seguir charlando.

  • Te propongo repensar qué entendemos por "final feliz" cuando se trata de historias sobre explotación: alcanza con que la protagonista consiga papeles y un trabajo, o necesitás ver un castigo rotundo al explotador para sentirte conforme.
  • Mirá la última escena con el Suizo y pensá en cuántas ficciones sobre trata eligen cerrar con una derrota del villano: ¿te parece más valiente lo que hicieron Peña y Villanueva o te frustra como espectador?
  • Si leíste "El proxeneta" de Mabel Lozano, el libro que adapta la serie, contame qué le faltó o qué le sobró a la versión audiovisual según tu lectura.
LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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