El día que Nintendo bajó la persiana del porno: la compra fantasma que enterró a los "Super Hornio Brothers"
A comienzos de los noventa, una productora adulta se montó al boom del fontanero más famoso del mundo y filmó dos películas en 48 horas con veinte mil dólares. La estrategia japonesa no fue destruirlas ni prohibirlas: comprarlas y archivarlas en silencio.

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que alguien me dijo, en una sobremesa de los noventa, que existían unas películas porno inspiradas en Mario Bros. Lo tomé como uno de esos rumores porteños que circulan en cualquier patio de colegio, de esos que nadie termina de confirmar ni de desmentir. Años después, mientras revisaba archivos viejos para esta nota, confirmé que el rumor era cierto y que, además, había detrás una de las operaciones más insólitas de la historia de la propiedad intelectual en la industria del entretenimiento: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos, no para distribuirlo, sino para que nadie pudiera verlo.
Un rodaje exprés en medio del boom del fontanero
A comienzos de los años noventa, el director y actor Buck Adams vio la oportunidad perfecta: Super Mario estaba en la cima de su popularidad y el público pedía más y más material del personaje. En vez de competir por una licencia oficial imposible, produjo una parodia pornográfica de las aventuras del fontanero bigotudo. El rodaje se completó en apenas dos días, con un presupuesto ajustado de alrededor de veinte mil dólares. El material grabado resultó tan extenso que la producción se dividió sin más trámite en dos partes: "Super Hornio Brothers" y su continuación directa.
La película oficial se desinfla y Nintendo entra en acción
El estreno de ambas coincidió, como si el destino quisiera armar un combo tragicómico, con el lanzamiento de la película oficial "Super Mario Bros." (1993), dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel. La cinta fracasó en taquilla y recibió críticas durísimas, y dejó la imagen de los personajes bastante golpeada frente al público masivo. En ese contexto, Nintendo resolvió actuar también sobre las parodias y adquirió los derechos de las dos producciones poco después de su lanzamiento, en lo que fue una decisión tanto comercial como defensiva.
- Compra discreta y sin comunicado oficial, para no darle aire al asunto.
- Archivado inmediato del material, sin planes de reestreno ni explotación comercial.
- Objetivo único: impedir que esas producciones siguieran circulando.
- Estrategia tan efectiva que, durante más de una década, circularon dudas sobre si las películas habían existido realmente.
Lo más llamativo de todo esto, y lo que a mí me sigue pareciendo casi de manual, es la elegancia con la que se manejó la operación. No hubo comunicado de prensa, ni un Nintendo Direct explicando nada, ni un comunicado corporativo saliendo a aclarar rumores. La compra se hizo en silencio absoluto. La idea de fondo era bastante simple: archivar las películas sin generar publicidad adicional alrededor de ellas, sofocarlas en el olvido en vez de alimentarlas con el escándalo.
“La primera película sigue sin aparecer y los derechos pertenecen a Nintendo, así que legalmente no es posible relanzarlas.”Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, en declaraciones recogidas en 2009
Recién en 2009, casi veinte años después del rodaje original, apareció en internet una copia de "Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns", que incluía un resumen bastante generoso de la primera entrega. Fue el propio Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, el que confirmó públicamente que los derechos pertenecen a Nintendo y que, como era de esperar, no es legalmente posible relanzarlas. La primera película, en tanto, sigue sin aparecer y se mantiene como una de las piezas más extrañas y buscadas del coleccionismo friki.
Una compra para borrar, no para mirar
El episodio quedó como un caso singular en la historia de la protección de propiedad intelectual en la industria del entretenimiento, y por eso me sigue gustando tanto contarlo. No fue una cruzada moral, ni una denuncia pública contra el cine adulto, ni un comunicado indignado de los creadores de Mario. Fue algo más frío y más pragmático: una empresa gigante comprando un par de cintas menores con el único fin de que terminen convertidas en fantasmas en un depósito. Si se quiere ver con una mirada más piadosa, fue una forma de proteger a sus propios personajes; si se quiere ver con ojo crítico, fue una manera bastante efectiva de decidir qué se ve y qué no se ve en el mundo del entretenimiento. Las dos lecturas, curiosamente, conviven sin pelearse.
Recomendación de Ludmila, sección Cultura y carnaval
Para quien quiera meterse de lleno en el tema, sugiero arrancar por el documental "King of Porn: The Ron Jeremy Story" y, después, ir a buscar entrevistas de archivo del propio Ron Jeremy hablando del asunto, donde reconoce con una naturalidad desarmante que la operación de Nintendo fue impecable. Después, como contrapunto ideal, hay que ver (o volver a ver) "Super Mario Bros." la oficial de 1993, para entender por qué la empresa japonesa salió a apagar tantos incendios al mismo tiempo. Y si alguien se topa con una copia de la primera "Super Hornio Brothers" en algún mercado de usados, por favor, no me la mande por mail: me alcanza con imaginarla.
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