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Martes, 20 de octubre de 2026
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El día en que un pediatra deja de mirar el termómetro y empieza a mirar al nene entero

Cada 20 de octubre se conmemora en Argentina el Día Nacional de la Pediatría, una especialidad que lleva más de un siglo acompañando a las familias. Fiebre, golpes, selectividad alimentaria y pantallas: las dudas que más se repiten en el consultorio, con la mirada puesta en el estado general del niño y no en un solo síntoma aislado.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 3 min de lectura
El día en que un pediatra deja de mirar el termómetro y empieza a mirar al nene entero

Yo lo veo cada vez que acompaño a un amigo al consultorio de su hija: la madre entra con el celular abierto y una captura del termómetro que marcó 38,7, convencida de que ese número es lo único que importa. Pero el pediatra ni siquiera lo mira primero. Le pregunta a la nena cómo se siente, le mira los ojos, le observa la piel, le hace jugar un rato en el escritorio antes de levantar la guardia. Esa escena se repite desde hace décadas en miles de consultorios del país, y se vuelve a poner en primer plano cada 20 de octubre, cuando se conmemora el Día Nacional de la Pediatría en recuerdo de la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría, ocurrida en 1911, lo que la convierte en una de las sociedades pediátricas más antiguas del mundo, apenas superada en el calendario internacional por entidades europeas y norteamericanas creadas recién en 1929 y 1930.

La fecha, instituida en 1973 durante un Congreso Mundial de Pediatría realizado en la Argentina, recuerda a una figura central de la crianza, esa que sigue al niño desde los primeros días de vida hasta la adolescencia y combina el acompañamiento del crecimiento sano con el diagnóstico y el tratamiento cuando aparece una enfermedad. Los controles de peso y talla, la vacunación, el sueño y la alimentación forman parte de esa atención habitual, tan rutinaria como indispensable.

Fiebre: lo que el número no cuenta

La fiebre sigue siendo una de las razones de consulta más comunes, y los especialistas remarcan que el foco debe estar en el estado general del chico y en la causa del cuadro, no solo en la cifra que marca el termómetro. En bebés pequeños, o ante decaimiento marcado, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la atención médica requiere mayor rapidez, sin esperar a ver cómo evoluciona en casa.

Golpes, tos y ese “no come nada” que se hereda

Los golpes en la cabeza generan preocupación inmediata. Pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, alteraciones de conducta o somnolencia inusual son señales que exigen valoración sin demora. Con la tos y los vómitos aparece otro llamado de atención: los pediatras advierten que la automedicación puede sumar riesgos, sobre todo cuando se combinan productos con componentes similares que terminan por duplicarse sin que la familia lo advierta. Y está también la frase que atraviesa generaciones, ese “no come nada” que escuchan madres y padres en sus propias mesas: el apetito puede variar con la edad, con el crecimiento y con el estado anímico o físico del niño, y la consulta ayuda a distinguir una selectividad transitoria de una situación que pide cambios concretos, en lugar de batallas diarias que ninguno gana.

Pantallas, sueño y un bullying que ya no se queda en la escuela

En los últimos años se sumó al listado un tema que hace una década casi no aparecía en la consulta: el uso de pantallas, junto con el descanso, el juego y las rutinas del hogar. La SAP también encendió una señal sobre el bullying y el ciberbullying, dos fenómenos que pueden continuar fuera del aula a través de chats, redes y videojuegos, y que a veces se manifiestan en el cuerpo con cansancio, dolor abdominal, alteraciones del sueño o cambios de humor. La entidad distingue el acoso de un conflicto aislado por tres características centrales, y a las familias que un síntoma físico persistente en un chico que no encuentra explicación clínica puede ser la punta de un problema que se vive en la pantalla.

Volví a pensar en esa nena del consultorio, la que terminó jugando con el pediatra mientras la madre miraba el termómetro con el ceño fruncido. Cuando salieron, el número de 38,7 seguía ahí, en la captura del celular, pero la consulta había ido por otro lado: mirar al niño entero, preguntar cómo duerme, qué come, cómo juega, con quién habla por el teléfono. Eso es, en el fondo, el oficio del pediatra que esta fecha vuelve a poner en primer plano, y que lleva más de un siglo haciéndose, consulta tras consulta, en cada rincón del país.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida

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