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El conjuro quedó a medio cerrar: por qué Prácticamente magia 2 deja la puerta entreabierta

La secuela de la comedia de 1998 reúne otra vez a las hermanas Owen y suma nuevas generaciones, pero resuelve lo justo y necesario como para que la conversación sobre una tercera parte siga viva.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · 15 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Volví a sentarme frente a la pantalla con la misma expectativa con la que una noche de carnaval se acomoda en la grada del corsódromo: con los ojos bien abiertos y el corazón predisuesto a que la pasada me deje alguna huella. Y la nueva entrega de Prácticamente magia cumple en buena medida con esa promesa, porque retoma a las hermanas Owen casi tres décadas después del filme original, las pone de nuevo en el centro de la escena y las obliga a defender, otra vez, lo que son. Pero también me dejó una sensación agridulce, de esas que te hacen levantarte del asiento con la certeza de que la función todavía no terminó.

La amenaza de los Bailey y el corazón del conflicto

La historia arranca con un sobresalto que la familia Owen no veía venir: la aparición de Tom Bailey, un pariente lejano que llega sin un gramo de magia en la sangre pero con una cuenta pendiente que lleva años madurando. Su objetivo es claro, y se llama el libro de hechizos, ese objeto que para las Owen es identidad, memoria y herramienta de trabajo al mismo tiempo. La amenaza no prospera, y acá viene uno de los momentos más disfrutable de la película, porque la neutralización de Tom llega de la mano de un conjuro colectivo en el que cada una de las Owen pone lo suyo. Es una imagen bonita, casi de comparsa entrando al escenario en formación, donde nadie sobra y cada paso cuenta.

Sin embargo, el desenlace que de verdad pesa en el relato ocurre en Massachusetts, en paralelo a ese cruce con los Bailey. Allí, Frances termina de entender que la maldición que carga la rama femenina de la familia, esa condena que se lleva puestos a los hombres que aman, solo puede romperse con un sacrificio personal. Y lo hace. Esa decisión es la que le devuelve la vida a Gideon, el novio de Kylie que venía peleándola en un coma desde hacía rato, y es, a mi criterio, el instante donde la película deja de ser una comedia liviana y se permite un pasaje más solemne, más de pasodoble sentido que de samba alegre.

Las nuevas generaciones y la reconstrucción del clan

Superado el sacudón, la película se toma su tiempo para mostrar la etapa que viene, esa en la que la familia empieza a rearmarse. Las dos jóvenes Owen comienzan a tantear sus propios poderes, como quien prueba por primera vez el traje de plumas y los tacos altos y todavía no termina de creerse del todo lo que ve en el espejo. Kylie se casa con un Gideon ya despierto, y Sally retoma su vida amorosa de la mano de Ian, un personaje que aparece en esta entrega y que se suma al elenco sin hacer ruido pero con buena letra. La historia cierra sin escena poscréditos, lo que refuerza la idea de que el filme no apostó por el golpe de efecto sino por una despedida con aire de reconciliación hogareña.

Lo que esta segunda parte no cierra

Ahora bien, no todo queda atado, y ahí está justamente la zona más interesante del debate. El arco de Gillian no termina de cerrarse del todo y las más jóvenes del clan apenas si están empezando a explorar lo que les toca de la herencia mágica, incluyendo una pregunta que la película deja flotando en el aire: qué van a hacer con el negocio familiar, con esa casa y con ese saber que las identifica como Owen. Son hilos más sutiles que un cliffhanger explícito, pero son los que mantienen la conversación encendida sobre una posible tercera parte.

“La franquicia vuelve en un contexto particular: la película original encontró hace rato una segunda vida en plataformas de streaming, donde una generación que ni había nacido en 1998 la descubrió de grande y la hizo propia. Eso, más que cualquier número de taquilla, es lo que sostiene la idea de que la historia todavía tiene público.”Contexto de la franquicia

Si les gustó la primera, vayan sin dudarlo, pero vayan con la cabeza fría: esta entrega es más un puente largo y emotivo que una estación de llegada. Y si salen del cine con la misma sensación que yo, con ganas de saber cómo sigue la historia de Gillian y de las más chicas, no se preocupen, porque esa incomodidad no es un defecto, es la prueba de que el cuento todavía respira. Personalmente, pienso que una tercera parte haría bien en cerrar esos arcos, siempre y cuando no apriete el acelerador solo para justificar su existencia; el corazón de las Owen merece el mismo cuidado que las plumas de una comparsa cuando salen a la pasarela, con tiempo, con oficio y con la certeza de que lo que se hace, se hace para quedarse.

  • La amenaza de Tom Bailey funciona como motor del conflicto, pero se resuelve rápido con un conjuro colectivo de las Owen.
  • Frances descubre que romper la maldición familiar requiere un sacrificio personal y decide darlo, lo que despierta a Gideon.
  • Las jóvenes de la familia empiezan a desarrollar sus propios poderes y queda abierta la pregunta por el futuro del negocio familiar.
  • El arco de Gillian no termina de cerrarse, y eso deja la puerta entreabierta para una tercera entrega.
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Ludmila PintosCultura y carnaval

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