Jueves, 27 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Entre Ríos Informa

PortadaVida

Dos meses, 400 noches y una promesa: el parador neuquino que se niega a cerrar

El refugio que Neuquén abrió para pasar el invierno atendió a 400 personas en sesenta días y ahora se reinventa: funcionará todo el año con un esquema por etapas, acompañamiento de salud mental y el sueño de devolverle a cada usuario un techo propio o una familia.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida · 27 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura
waftg

Soy Esteban Zapata, y esta noche la paso en la puerta de la Catedral María Auxiliadora, esa mole de ladrillos que de día parece una postal turística y de noche se convierte en la frontera más hospitalaria de Neuquén para quien no tiene adónde ir. Ahí, a la sombra de la torre, una persona se acomoda contra el capó de un auto, mira la vereda como quien evalúa un mapa, y al rato aparece un móvil del parador nocturno. Esa escena, que se repite desde hace dos meses en pleno centro de la capital neuquina, cambió para siempre la manera en que la ciudad piensa a sus vecinos en situación de calle: ya no son una urgencia del invierno, son un compromiso de todo el año.

Cifras que cuentan una historia

El parador abrió sus puertas cuando el frío todavía apretaba y, al cierre del invierno, la cuenta cierra con números que duelen y a la vez obligan: 400 asistentes en sesenta días, un promedio de cien personas por noche y picos de hasta 120. El 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la propia Neuquén, un dato que cruzaron con el Registro Nacional de las Personas y que, lejos de hablar de extraños, habla de vecinos que perdieron el techo pero no necesariamente el vínculo con la ciudad.

Ese promedio de cien asistentes nocturnos no es una estadística fría: es el equivalente a llenar dos colectivos largos cada madrugada, con mochilas, frazadas y cansancio, y depositarlos en un lugar donde alguien les pregunta cómo se llaman antes de ofrecerles una cama. Funciona, además, con criterio de bajo umbral, una decisión clave que me parece justo destacar: nadie es rechazado por sus consumos problemáticos, nadie debe acreditar buena conducta para entrar. Es una política que pone la dignidad por encima del control.

Un dispositivo por etapas, pensado para no dejar a nadie a mitad de camino

Lo que viene ahora me parece la parte más interesante del asunto, y se la cuento como me la contaron a mí, en una charla extensa con quienes empujaron este proyecto. Con la primavera en la puerta, el parador no va a guardar las frazadas: se va a transformar. Pasará de ser un refugio estacional a un dispositivo escalonado, con tres niveles de atención que respetan los tiempos de cada persona. El primer piso, el de bajo umbral, recibe a quien llega tal como está, sin pedirle que cambie nada para cruzar la puerta. A medida que el usuario se estabiliza, el dispositivo le ofrece etapas de mediano y alto umbral, con metas concretas: conseguir un empleo, reordenar el lazo con la familia, ahorrar para un alquiler. La idea, me dijeron, es que nadie se quede eternamente durmiendo en una colchoneta institucional; la idea es que el parador sea una estación, no un destino.

  • Nivel bajo umbral: ingreso irrestricto, sin condiciones previas de consumo ni de documentación, para garantizar la primera noche fuera de la calle.
  • Nivel medio umbral: estabilización, acompañamiento de equipos de salud mental y trabajo sobre la autonomía cotidiana.
  • Nivel alto umbral: orientación a la reinserción laboral, reconstrucción del vínculo familiar y acceso a un alquiler propio como horizonte posible.

El traslado también cambia de forma discreta pero significativa. El punto de encuentro seguirá siendo la Catedral María Auxiliadora, pero ahora habrá un tráiler anclado junto al Hospital Bouquet Roldán donde cada persona podrá dejar sus pertenencias, una mochila con lo poco que tiene, antes de subir al móvil. Quienes estén en condiciones podrán incluso movilizarse por sus propios medios hasta el refugio. Es un detalle logístico, sí, pero también es una declaración de principios: se les devuelve el derecho a cargar con sus cosas sin que eso se vuelva un estorbo para empezar.

“Todavía hay personas que duermen en la calle y no utilizan el espacio; el acceso es voluntario y respetar ese tiempo también es parte del trabajo.”Equipo del parador nocturno de Neuquén

Aprendices de Ciudad Oculta

El nuevo formato no salió de un escritorio: nació de una visita de trabajo de dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, donde funcionan organizaciones con décadas de experiencia en el acompañamiento de personas en situación de calle. Neuquén fue a estudiar, copió lo que servía, descartó lo que no y volvió con un diseño propio que, según me confesaron los responsables, todavía está en plena construcción. Esa honestidad de andar aprendiendo, sin vender soluciones mágicas, me parece un valor que vale la pena subrayar.

Salud, vínculos y reglas de convivencia

Mientras tanto, la oferta de servicios dentro del parador ya venía creciendo y con el cambio de formato se va a profundizar. Hay atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y equipos de psicólogos con abordajes individuales. A partir de ahora se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y una presencia más activa del Ministerio de Salud. También se articulará con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para que nadie quede dando vueltas entre la calle y un pasillo institucional sin saber adónde le toca estar.

Dentro del refugio rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento, me insistieron, es condición para seguir adentro: no se permite la violencia, no se permite el consumo dentro del espacio, no se permite que la solidaridad de unos se convierta en el problema de otros. Es una línea fina, me dijo una operadora con cara de quien ya vio de todo, porque estamos hablando de adultos con historias durísimas a los que no se les puede exigir el comportamiento de un monasterio. Pero sin reglas mínimas, el refugio se vuelve inhabitable para todos, incluso para quienes más lo necesitan.

Vuelvo a la puerta de la Catedral, donde empecé esta crónica. El hombre del capó del auto ya se subió al móvil y, en algún lugar de la ruta entre el centro y el refugio, alguien le va a preguntar su nombre. Mañana, si el esquema funciona como lo imaginaron, ese nombre va a quedar asociado a un plan, a un equipo de salud, a la posibilidad de un alquiler o de un reencuentro familiar. Y dentro de un año, quizás, Neuquén pueda contar otra historia: la de quienes dejaron de dormir en la calle no porque llegó el frío, sino porque por fin alguien les abrió la puerta en serio.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo