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Dos esquivan por centímetros la lengua de nieve que bajó del filo Chapelco y exponen los límites del esqui fuera de pista

El jueves por la tarde una avalancha se desprendió en la cara posterior del cerro, en un sector no habilitado, y dos personas que descendían en zigzag quedaron a metros del avance. No hubo heridos y el complejo cerró el área hasta evaluar la estabilidad de la montaña.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Cuando el sol empieza a caer sobre San Martín de los Andes y la nieve se tiñe de un rosa cada vez más helado, el Cerro Chapelco suele convertirse en ese escenario idílico que las postales prometen y que uno, como porteño de lunes a viernes, imagina cada vez que planifica una escapada. Pero el jueves por la tarde, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, ese paisaje idílico se transformó, en cuestión de segundos, en una advertencia concreta: una masa de nieve se desprendió del filo posterior del cerro, barrió la ladera y dejó a dos esquiadores a muy pocos metros de su frente. Yo lo supe horas después, mirando las imágenes que circularon entre quienes estaban en la zona y pensando, con sinceridad, cuánto depende a veces un final feliz del lugar exacto donde uno se para.

Una escena en presente: lo que se vio en el filo

Lo que muestran los registros casuales que filmaron personas desde puntos cercanos es, a la vez, fascinante y aleccionador. En el video se ve cómo dos personas descienden en zigzag por una pendiente que parece tranquila y, al mismo tiempo, el filo empieza a soltar su carga: primero un rumor, después un desprendimiento menor y, finalmente, una lengua de nieve que gana velocidad ladera abajo y avanza con una potencia que desmiente cualquier idea de montaña dominguera. Los dos esquiadores, que venían trazando una línea en la nieve polvo, quedaron a pocos metros del frente blanco. Lograron alejarse antes de que la masa los alcanzara y salieron ilesos, según confirmaron desde el propio complejo. No hubo que lamentar lesionados, aunque el episodio bien pudo terminar de otra manera.

La avalancha se originó específicamente en el sector posterior del filo del Cerro Chapelco, una zona que no integra el dominio esquiable habilitado. Es decir, no se trata de un área señalizada ni autorizada para la práctica del esquí. Las dos personas afectadas realizaban un descenso particular en un punto donde la montaña, técnicamente, no estaba abierta al público. El complejo activó de inmediato el protocolo de seguridad: se despejó el área, se impidió el paso de otras personas y se empezaron a evaluar las condiciones de la montaña mientras el episodio todavía resonaba en el aire frío de la tarde cordillerana.

Por qué se cae una ladera cubierta de nieve

Las avalanchas, explican los manuales de seguridad en montaña que circulan entre instructores y guardaparques, se producen cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente. No es un capricho de la naturaleza: es física, y por eso es tan importante entenderla antes de subirse a unos esquís. Las causas más frecuentes que pueden originar un desprendimiento son las siguientes:

  • La acumulación de capas de nieve con distinta consistencia, donde una capa débil se transforma en una superficie de deslizamiento para las superiores.
  • Los cambios bruscos de temperatura, que alteran la adherencia entre capas y vuelven inestable lo que en horas de la mañana parecía firme.
  • El viento, que después de nevadas intensas redistribuye la nieve hacia ciertos puntos de la ladera y forma cornisas y acumulaciones que pueden colapsar.
  • La inclinación del terreno, porque a mayor pendiente mayor es la fuerza que empuja la masa hacia abajo.
  • El paso de personas por sectores no habilitados, cuya sobrecarga puede ser el último empujón que necesitaba la nieve para ceder.

Después de una nevada intensa, el viento se ocupa de redistribuir la nieve y formar acumulaciones que, si la adherencia entre capas es débil, se vuelven trampas latentes. Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las zonas seguras, colocan señalizaciones, recomiendan no abandonar las pistas y piden, de manera insistente, que se respeten las indicaciones del personal especializado. Chapelco no es la excepción: las autoridades del complejo recordaron que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que ese sector no está habilitado, y recordaron también que la recomendación elemental es permanecer dentro de las zonas autorizadas. Lo que pasó el jueves por la tarde es, en buena medida, la ilustración más clara de por qué esa recomendación existe y de por qué no es un capricho de los operadores turísticos.

Lo que aprendemos mirando a esos dos esquiadores

Vuelvo a pensar en ellos, en esa pareja que bajaba en zigzag por una ladera que no estaba habilitada y que terminó a metros del avance de la nieve. No los conozco, no sé sus nombres ni de dónde vienen ni qué nivel técnico tienen, y por eso mismo prefiero no inventarles una historia que el material no me autoriza a contar. Lo que sí puedo decir es que su suerte, la suerte de los que ese día estaban en el cerro, dependió de centímetros y de segundos, y que eso es, precisamente, lo que vuelve a la montaña un lugar donde conviene pisar con respeto. La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía hay tiempo de esquiar, de disfrutar y, sobre todo, de volver a casa con la misma integridad con la que se salió. Yo, mientras tanto, me quedo con una pregunta para los lectores que suelen moverse por la montaña fuera de las pistas señalizadas: ¿toman recaudos especiales cuando esquían o caminan en esos sectores? Me interesa saberlo, porque la diferencia entre un susto y una tragedia suele estar, la mayoría de las veces, en las decisiones que uno toma antes de que la nieve empiece a moverse.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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