Jueves, 27 de agosto de 2026
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Dinosaurios en el barrio: por qué Abrams cree que Oak Street no es (ni quiere ser) otra Jurassic

El productor defiende la idea de David Robert Mitchell: selvas e islas tropicales versus suburbios con furgonetas de helados y piletas de lona. Repaso de una apuesta que la taquilla no acompañó pero que el equipo sostiene hasta el final.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Les soy honesta: cada vez que aparece un dinosaurio en una pantalla, una parte de mí —la que se sentó en el cine con pochoclos en los noventa— espera ver la puerta del estacionamiento abrirse de par en par y el tiranosaurio aparecer como un vecino pesado. Pero esta vez no. Esta vez el bicho pasa al lado de una camioneta de helados, y eso, según J.J. Abrams, es justamente lo que hay que celebrar de El final de Oak Street, la película que él produjo a través de Bad Robot y que dirige David Robert Mitchell.

Me acuerdo perfectamente de la conversación en la redacción cuando empezamos a hablar de esta nota. Alguien dijo: otra de dinosaurios, ya van como diez. Y sí, probablemente tenga razón. Pero la diferencia, según el propio Abrams, es el escenario. Y acá viene lo interesante, porque el productor no esquivó la comparación con la franquicia Jurassic: la enfrentó de frente, en un tramo de la entrevista que vale la pena leer despacio.

La frase de Abrams que define todo

“Me encantan las películas de Jurassic tanto como a cualquiera, pero esas películas, en su mayor parte, se desarrollan en esas hermosas selvas, en esas islas lejanas. El enfoque de David aquí consistía precisamente en la yuxtaposición de la vida familiar suburbana, absolutamente cotidiana (columpios y furgonetas de helados, piscinas elevadas y autobuses escolares) con los dinosaurios.”J.J. Abrams

Hay algo que me llama la atención en esa declaración, y se los comparto como lectora y como espectadora: Abrams no reniega de Spielberg ni de las selvas. Al contrario, las quiere. Lo que está diciendo es que el mundo de Oak Street pide otra cámara, otra escala, otro tipo de amenaza. Cuando el dinosaurio aparece detrás de un cerco de madera y un chico lo mira desde la ventana del comedor, el miedo no viene del realismo del bicho sino de lo cerca que está de la vida normal. Y eso, ojo, es una decisión estética, no un capricho.

La película llegó con un presupuesto estimado de 80 millones de dólares y se fue de la taquilla mundial con 89 millones. No fue un fracaso estrepitoso, pero tampoco la carrera que la productora esperaba en un verano que suele ser generoso con los tanques. Lo concreto es este número: casi empató lo que costó. Y acá aparece la pregunta incómoda que, les confieso, me da vueltas desde que leí la nota.

Las piezas centrales de la película

Mi lectura, que es absolutamente subjetiva y se la regalo como opinión: la película le pide al espectador algo distinto a Jurassic. Le pide que se reconozca en la casa de al lado antes de asustarse. Cuando eso funciona, funciona muy bien —pienso en esas escenas donde el dinosaurio avanza por la vereda y de fondo se escucha una cortadora de césped—. Pero también le exige al público una paciencia que no todo el mundo está dispuesto a concederle a un film de 80 millones. Y la paciencia, en un mercado saturado de pantallas y propuestas, suele ser el bien más escaso.

Abrams, en el mismo tramo de la entrevista que les resumí arriba, dijo algo que me parece clave y que no quiero dejar afuera: cree que la gente está deseando ver historias nuevas, historias originales, y que el atractivo innegable de Oak Street es justamente el escenario de barrio. También aseguró que quienes se emocionaron con los tráileres van a encontrar en la película lo que se les prometió. Lo traduzco para la redacción: el equipo defiende la apuesta hasta el final, incluso con los números ajustados. Y eso, viniendo de un productor que suele ser muy estratégico con sus movimientos, habla bien del producto.

Cierro como me gusta cerrar en esta sección, con una recomendación de butaca: si todavía no la vieron y tienen la posibilidad de hacerlo en una sala oscura, dénle una oportunidad. No porque sea la mejor película del año ni porque vaya a ganar ningún premio, sino porque el cruce entre lo cotidiano y lo monstruoso tiene una textura que en la pantalla del living se pierde. Y a ustedes, que ya pasaron los cuarenta y seguro vieron Jurassic Park en el momento exacto de la vida en que esa película significa algo, les digo: vale la pena comprobar si el dinosaurio del barrio les da el mismo escalofrío que les dio alguna vez el de la isla. A mí, sin redondear, me dio un escalofrío distinto. No mejor ni peor: otro.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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