Desorientación repentina en adultos mayores: por qué no hay que esperar y qué la diferencia de la demencia
Un cambio brusco de atención o conducta puede ser un episodio de delirio, un cuadro que suele ser reversible si se trata la causa que lo dispara. Una farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic détaille por qué la velocidad de aparición y las variaciones en el día son las pistas clave para reconocerlo.

Me acuerdo de mi vecina Lucía, que tiene 82 años y todas las tardes se sentaba en el bar de la esquina a charlar con quien se le cruzara. Una mañana, su hija la encontró parada en el living, sin saber qué día era ni por qué había ido a esa habitación. No era una confusión pasajera: era un cuadro que había empezado de un día para el otro, y que terminó con una ambulancia y una semana de internación. Esa escena, que se repite en miles de familias argentinas, es exactamente la que describen los especialistas cuando hablan de delirio en adultos mayores, un problema que requiere atención médica inmediata y que, en muchos casos, se puede revertir si se trata lo que lo causó.
La advertencia llega de la mano de Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic, que insistió en un punto clave: un cambio abrupto en la atención, la conducta o la orientación no debe interpretarse como una simple manifestación de demencia, ni siquiera en personas que ya tienen ese diagnóstico. En esos casos, puede tratarse de un episodio de delirio que se suma al deterioro previo y que, sobre todo, puede estar alertando sobre algo que está pasando en el organismo y necesita tratamiento.
Cómo distinguirlo en la práctica
Para los familiares y cuidadores, hay dos pistas que marcan la diferencia. La primera es la velocidad: el delirio puede instalarse en horas o, como mucho, en uno o dos días; la demencia, en cambio, se desarrolla durante meses o años, con una pérdida gradual de capacidades que va afectando las actividades cotidianas. La segunda es la volatilidad: en el delirio, una persona puede tener un período de lucidez y, en cuestión de horas, volver a estar confundida dentro de la misma jornada; la atención suele oscilar de manera marcada, mientras que en las primeras etapas de la demencia tiende a mantenerse más estable.
Torbic explicó que el delirio es especialmente frecuente durante las internaciones, sobre todo en cuidados intensivos, y que el riesgo crece cuanto más se prolonga la hospitalización. Cuando aparece, el equipo de salud sale a buscar un desencadenante que pueda tratarse: una infección, un desequilibrio metabólico, un efecto de medicamentos, dolor mal controlado o privación de sueño. Corregir ese origen permite, en muchos casos, revertir la confusión. La demencia, en cambio, también necesita evaluación médica, pero habitualmente no constituye una emergencia por sí sola, aunque sí vuelve a quienes la tienen más vulnerables al delirio frente a una enfermedad o una internación.
“Un cambio repentino puede indicar un episodio de delirio que se suma al deterioro previo y que puede estar alertando sobre algo que está pasando en el organismo.”Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic
Vuelvo a pensar en Lucía. La hidrataron bien, le ajustaron la medicación que tomaba para la presión y le trataron una infección urinaria que nadie había detectado. A los pocos días, volvió a saber dónde estaba y a preguntar por el bar de la esquina. No fue un milagro: fue el delirio identificado a tiempo. Por eso, ante cualquier alteración abrupta respecto del estado habitual de una persona mayor, la recomendación de los especialistas es clara: consultar de inmediato y no asumir que es solo parte de la demencia.
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