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Viernes, 16 de octubre de 2026
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De un departamento chico a una mesa con nueve sillas: la historia de María Laura, que adoptó a seis hermanos y fue madre de un bebé en el camino

Conocía a los chicos del aula y del hogar donde vivían. Empezó los papeles sola, atravesó una separación temporaria y un proceso de varios años. Hoy, la mujer que eligió a los seis terminó criando a siete.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 4 min de lectura
De un departamento chico a una mesa con nueve sillas: la historia de María Laura, que adoptó a seis hermanos y fue madre de un bebé en el camino

Me acerco a la mesa y todavía no termino de entender cómo entran nueve platos. María Laura se ríe y me pasa una silla, la única que queda libre, y mientras acomodo el grabador pienso que hace diez años esa misma mesa era un rectángulo chico para dos, en un departamento donde las paredes parecían moverse cuando alguien se cruzaba con otro en el pasillo. Hoy, en esta cocina, hay olor a tostadas, una panadera con Nahitan en la falda y dos adolescentes discutiendo quién lava los platos. La escena parece un corto de domingo, pero detrás hay una historia que se cocinó a fuego lento, con varias idas y vueltas, y que todavía hoy, mientras me sirve un mate, me sigue contando como si la estuviera viviendo en tiempo real.

María Laura tiene 58 años, es maestra y me recibe en la casa que hoy es de todos. Cuando la conocí en su biografía pública, lo que más me llamó la atención fue un dato que parece menor y termina siendo enorme: conoció a los chicos en el aula. Dos de los seis hermanos que terminó adoptando eran sus alumnos, y durante cinco años ella colaboró como voluntaria en el hogar donde vivían institucionalizados. Eso, que para cualquiera podría haber sido un límite, para ella fue el principio de algo que todavía le cuesta nombrar sin que se le quiebre la voz.

Una decisión que empezó como una idea imposible

Me cuenta que la posibilidad de adoptarlos se fue armando de a poco, casi sin que se diera cuenta. Ella tenía 38 años, convivía con su pareja, y la sola idea de hacerse cargo de seis chicos a la vez le parecía directamente inalcanzable. Vivían en un departamento chico, el dinero no sobraba y la responsabilidad económica pesaba tanto o más que la emocional. Su pareja, me dice sin crueldad pero sin maquillar nada, temía no poder sostener el proyecto. La relación se enfrío, se separaron por un tiempo, y María Laura arrancó los trámites sola. Eso, en cualquier plan de vida, ya sería una decisión de carácter. Aquí era apenas el primer capítulo.

Los chicos, mientras tanto, tampoco estaban seguros de querer ser adoptados. Habían estado juntos dentro del sistema durante años, y entre ellos habían levantado una especie de muralla afectiva que los protegía del afuera. La hermana mayor, Daiana, hoy de 20, había cumplido durante todo ese tiempo un rol de cuidadora que ni la institucionalización ni la Justicia de menores habían reconocido formalmente. Cuando María Laura empezó a aparecer como una opción real, Daiana tuvo que hacer un trabajo interno durísimo: aprender a soltar ese lugar.

“La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafio que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco.”María Laura

El recreo que lo cambio todo

El punto de inflexión, el que me hizo apagar el grabador un segundo para acomodarme en la silla, fue un recreo. Algunos de los chicos se acercaron mientras María Laura organizaba una actividad y le dijeron, con una naturalidad que todavía hoy la desarma: te elegimos para ser nuestra mamá. A partir de ese dia, los tramites cambiaron de eje: ya no eran pruebas ni entrevistas, sino el principio de una convivencia que se fue construyendo con paciencia.

  • Daniel y Milo, de 13 años, son los gemelos y hoy cursan en una escuela técnica.
  • Maiara y Lionel, de 16, son los mellizos y comparten aula y banda de cuatrerismo entre semana.
  • Zaira tiene 18 años y esta terminando el secundario con planes de estudiar Trabajo Social.
  • Daiana, la mayor, tiene 20, estudia Abogacia y es la que más de cerca vio nacer esta familia ampliada.
  • Nahitan tiene poco mas de un año y es el bebe que llego despues, en un capitulo que nadie tenia en el guion.

El embarazo fue, como me lo define Maria Laura, un fenomeno aparte. Uno de los gemelos le beso la panza antes de que ella misma supiera que estaba esperando, le dijo hola bebe contra la ropa, y asi fue como se entero de que la familia se iba a ampliar otra vez. El padre de Nahitan, mientras tanto, habia vuelto a aparecer y hoy ocupa un rol cotidiano en la casa: corta el pan, lleva a los mas chicos al colegio, discute la calificacion de la secundaria y se sienta a la cabecera de la misma mesa que hace diez años estaba reservada para dos.

Cuando le pregunto que aprendio de todo esto, Maria Laura me mira y me responde con una frase que despues me quedo dando vueltas: son el amor de mi vida, es la familia que siempre espere, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida. Participa ademas en la Asociacion Civil Adopten Nines Grandes, una red de familias que adoptaron chicos en situacion de vulnerabilidad y que hoy funcionan como red de contension mutua. Antes de irme, mientras Nahitan se duerme en un cochecito al lado del calor del horno, me mira de nuevo y me dice: la mesa siempre tiene un lugar mas. No lo dice como promesa. Lo dice como quien describe, con mucha calma, lo que le toco vivir.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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