Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Daniela Celis bajó del escenario de Muscari, cruzó la sala y se fundió en un beso con Julieta Poggio que incendió las redes

La ex Gran Hermano se subió a Sex como invitada sorpresa, cerró su número con una coreografía caliente y eligió a su amiga del reality para el momento más comentado del fin de semana.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · 30 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

El Teatro Multitabaris se llenó hasta las bandejas y la noche prometía ser una más dentro de las siete temporadas que Sex lleva colgado de la cartelera porteña, hasta que la pantalla se oscureció, las luces bajaron y una figura conocida se metió en el escenario con la decisión de quien ya pisó ese tipo de tablas: Daniela Celis apareció con un look enteramente negro, brillos incrustados en el cuerpo como si fueran parte de la escenografía, unas botas altas que la estiraban todavía más y esa actitud suya que mezcla descaro con una sonrisa cómplice, la misma que mostró durante los meses que pasó encerrada en la casa de Gran Hermano y que después se llevó puesta cuando volvió a la calle.

La invitada se acomodó entre el elenco estable de la obra de José María Muscari, un director que ya lleva casi una década sosteniendo el mismo título en una cartelera que suele ser despiadada con los proyectos que no renuevan público, y se entregó a una coreografía sensual que el teatro, que estaba colmado, siguió con aplausos, silbidos y alguna que otra carcajada nerviosa del tipo que se suelta cuando uno no sabe si mirar o mirar de verdad.

El beso que cruzó la sala y se volvió viral

Sin embargo, el verdadero golpe de efecto llegó cuando la coreografía terminó y Celis, en lugar de quedarse saludando desde el escenario, bajó los escalones, atravesó la platea con paso firme y se plantó delante de la butaca donde estaba sentada una invitada muy especial: Julieta Poggio, su amiga desde los días del reality, que había ido a la función como espectadora. Frente a un teatro lleno que ya empezaba a entender lo que venía, las dos se miraron, se rieron con la complicidad de quien se conoce de memoria, y se besaron en la boca. La sala estalló, los gritos se mezclaron con los aplausos y el momento se transformó, en cuestión de horas, en material obligatorio de las redes sociales, donde los comentarios del tipo así se quieren las amigas o qué grande Dani se multiplicaron hasta el cansancio.

Lo que mucha gente quizás no recuerda, o eligió olvidar, es que entre Celis y Poggio el vínculo se viene labrando desde aquel departamento de Gran Hermano donde compartieron buena parte de la convivencia y donde, en una fiesta temática de noviembre de 2022, ya se habían dado un beso en vivo y directo, con la transmisión al aire y un conductor que ni siquiera atinó a disimular la sorpresa. Lo del jueves fue, en cierto modo, la confirmación pública y adulta de algo que aquellas dos habían mostrado cuando todavía estaban encerradas.

Más allá del revuelo digital, la función volvió a confirmar algo que en el circuito teatral porteño se comenta en voz baja: Sex se convirtió en uno de esos lugares a los que las famosas y los famosos de otros rubros eligen asomarse cuando quieren correrse un rato del formato que los tiene prisioneros, un escenario donde aparecer no significa traicionar la marca propia sino, más bien, estirarla. Y a Muscari, claro, estas visitas le caen como anillo al dedo: le garantizan ruido en las redes, entradas agotadas y la sensación de que su obra, contra todos los pronósticos, sigue siendo una usina de momentos que dan ganas de contar al día siguiente.

Mi lectura de una noche que dejó tela para cortar

Yo estuve ahí, en esa platea que no paraba de respirar, y les confieso que lo que más me conmovió no fue el morbo fácil que algunos quisieron leer, sino la manera en que Celis buscó a Poggio con la mirada antes de sentarse a su lado, como pidiendo permiso con los ojos, y la manera en que Poggio le devolvió esa misma sonrisa cómplice antes de cerrar los ojos y dejarse llevar. Hay algo muy de amigas de la vida en ese modo de quererse en público, algo que excede al showbusiness y que por un instante le ganó la pulseada al ruido de las pantallas. Por eso, más allá de si a uno le gusta o no el tipo de humor y de provocación que Muscari propone en su obra, lo que queda a la salida del teatro es una pregunta que me sigue dando vueltas: si a Daniela le ofrecieran una temporada completa en Sex, ¿la vería subir cada noche? Yo, sin dudarlo, volvería a hacer cola para verla. Y ustedes, ¿se la imaginarían repitiendo elenco de jueves a domingo, o la prefieren como invitada sorpresa que aparece, sacude la calma y se vuelve a ir?

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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