Cuando el corazón avisa sin pasar por el pecho: las señales que las mujeres suelen pasar por alto
Una especialista británica enumera los síntomas atípicos de un evento cardíaco femenino: desde un dolor en la mandíbula hasta una indigestión a las tres de la mañana. La repetición durante el esfuerzo y la combinación con dolor en el pecho son las claves para decidir una consulta o una guardia.

Me lo imagino de corrido: una mujer sube dos tramos de escalera con la bolsa del supermercado, llega al palier y se queda apoyada en el marco de la puerta, esperando que se le pase ese cansancio que no debería estar ahí. Piensa en el estrés de la semana, en la cena de anoche, en que está durmiendo mal. No se le cruza por la cabeza que el corazón le esté mandando un mensaje. Y sin embargo, para la cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, ese agotamiento que se repite cada vez que hace un esfuerzo físico y que no encuentra otra explicación es, justamente, una de las alertas que más se ignoran.
Lo que cuenta la especialista es que en las mujeres el aviso cardíaco pocas veces llega como esa presión aplastante en el pecho que todos tenemos asociada al infarto. El dolor, cuando aparece, puede mudarse a la mandíbula, al cuello, a los hombros, a la espalda o a uno o ambos brazos, y a veces ni siquiera aparece. La explicación es casi una clase de anatomía express: cuando el corazón recibe menos oxígeno del que necesita, dispara señales dolorosas que viajan hasta la médula espinal, y como esas vías comparten conexiones con otras zonas del cuerpo, el cerebro termina registrando la molestia en un hombro o en un brazo, lejos del lugar donde se originó el problema.
Indigestión a las tres de la mañana
Banerjee describe un caso que se le quedó grabado: una paciente que iba a verla por episodios repetidos de eructos y malestar en la boca del estómago terminó necesitándose dos stents por una enfermedad coronaria seria, detectada a tiempo con un angiograma. La clave estuvo en que esos malestares digestivos no tenían relación con lo que había comido ni con la acidez típica. Por eso la cardióloga recomienda consultar cuando la indigestión aparece sin motivo, en horarios raros, por ejemplo durante la madrugada. El cuerpo, dice, a veces habla en idioma de estómago cuando el problema está en otro lado.
- Síntomas que se repiten siempre durante un esfuerzo físico, como subir escaleras, cargar peso o hacer la cama, y que no encuentran otra causa clara.
- Malestar ubicado en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos, aunque no haya dolor en el pecho.
- Indigestión, acidez o eructos que aparecen sin relación con las comidas o en horarios inhabituales, como durante la noche.
- Sensación de cansancio desproporcionado para la actividad que se está haciendo.
- Sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico combinados con dolor o molestia en el pecho: en este caso, la indicación es ir directamente a una guardia.
Hay otro detalle que la especialista resalta y que vale la pena repetir: el dolor cardíaco no siempre se siente como una presión. Puede manifestarse como pinchazos, como pellizcos, como una molestia difusa que cuesta definir. Esa variedad de presentaciones es una de las razones por las que, según Banerjee, muchas mujeres llegan tarde a la consulta: el síntoma no coincide con la idea que tienen del infarto y entonces lo relativizan, lo postergan, lo explican por otra cosa.
La menopausia cambia el mapa de riesgo
Y acá aparece otro punto que la cardióliga considera clave. La superposición de varios de estos avisos con síntomas que se asocian a la menopausia —los sofocos, el cansancio, las palpitaciones, la dificultad para dormir— hace que sea fácil mirar para otro lado. Pero además, después de la menopausia el riesgo cardiovascular de la mujer aumenta de manera concreta: la caída de los niveles de estrógenos se asocia con cambios en la presión arterial, con peor perfil de colesterol y con una mayor acumulación de grasa en la zona del abdomen. Por eso Banerjee insiste en sostener, más allá de cualquier síntoma, controles periódicos de presión y de colesterol a partir de esa etapa.
Vuelvo a la mujer del principio, la del palier con la bolsa del supermercado. La próxima vez que le pase, la recomendación de los especialistas es clara: si el agotamiento se repite cada vez que hace un esfuerzo y no encuentra una causa evidente, no lo archive bajo la etiqueta del estrés. Prestarle atención a cuándo aparece, dónde se ubica y con qué se combina puede ser la diferencia entre llegar a tiempo a una consulta o llegar, directamente, a una guardia. El corazón, como se ve, no siempre avisa en el pecho: a veces avisa en un brazo, en una mandíbula o en una indigestion de madrugada.
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