Cinco ideas que tenemos sobre el corazón y que la evidencia ya se encargó de desmentir
Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasa los errores más comunes sobre la salud cardiovascular: desde la falsa idea de que es un problema solo de hombres grandes hasta la confusión entre sentirse bien y estar sano. Las enfermedades del corazón causaron 19,8 millones de muertes en 2022, según la OMS.

Me lo encontré a Daniel en la sala de espera del consultorio, en un edificio cualquiera de Buenos Aires. Tenía 47 años, dos hijos adolescentes y una presión arterial que el médico le acababa de medir por primera vez en cinco años. Me dijo, mientras esperaba el turno, que él siempre pensó que el corazón era un tema de viejos, algo que se ocupaba solo cuando el cuerpo empezaba a fallar. Esa misma mañana se había enterado de que tenía la presión en 150 sobre 95 y un colesterol que no admitía más postergaciones. Daniel no es un caso aislado: es la postal que repite, una y otra vez, cualquier consultorio cardiológico del país. Y es, justamente, el punto de partida para entender por qué hay cinco creencias sobre el corazón que los propios cardiólogos se encargan de desmentir con evidencia.
Las cifras lo dicen con la crudeza que tienen las cifras globales: las enfermedades cardiovasculares causaron 19,8 millones de muertes en el mundo en 2022, el 32% del total, según la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, esa magnitud convive con un montón de ideas equivocadas que todavía circulan en conversaciones familiares, en grupos de WhatsApp y hasta en la consulta con médicos no especialistas. El cardiólogo Luke Laffin, de la Cleveland Clinic, repasó los errores más comunes y explicó qué hacer en cada caso. Vale la pena detenerse en cada uno.
Los cinco mitos que siguen circulando
- El corazón como problema de hombres. Laffin lo resume con una frase que conviene repetir: el corazón no discrimina por sexo. Las mujeres tienen factores de riesgo propios, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo. Además, sus controles suelen quedar relegados frente al trabajo, los hijos y el cuidado de la casa. La recomendación es conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con un médico de cabecera, que puede derivar a cardiología si la situación lo requiere.
- La idea de que el corazón solo se rompe después de los 50. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar a los 20, 30 o 40 años, muchas veces sin síntomas. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas. Por eso Laffin sugiere análisis de sangre y chequeos regulares también en adultos jóvenes.
- Pensar que los antecedentes familiares hacen inevitable la enfermedad. Aumentan el riesgo, pero no determinan el desenlace. Una alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que reducen esa probabilidad. Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y el colesterol.
- Confundirse de sentirse bien con estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa; la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no producen síntomas. En algunos casos, el primer indicio es un infarto o un accidente cerebrovascular. Las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos permiten seguir esos indicadores antes de que se conviertan en una urgencia.
- Aceptar el deterioro como algo inevitable del paso de los años. Envejecer no es sinónimo de enfermarse. La buena noticia es que más del 80% de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse con hábitos saludables, controles periódicos y tratamiento adecuado cuando hace falta.
“El corazón no discrimina por sexo.”Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic
Vuelvo a Daniel un instante antes de cerrar esta nota. Cuando terminó la consulta, me dijo algo que se me quedó dando vueltas: que siempre le habían dicho que el infarto era cosa de hombres estresados y de viejos, y que por eso nunca se le cruzó por la cabeza medirse la presión antes. Ahora toma una pastilla todas las mañanas, camina cuarenta minutos por día y les repite a sus hijos, que tienen 15 y 17 años, que se controlen el colesterol aunque se sientan perfectos. Quizá esa sea la mejor forma de resumir lo que dice la evidencia con la que trabaja Laffin: que el corazón no avisa, que no distingue entre varones y mujeres, y que hacerse los estudios a tiempo es, muchas veces, la diferencia entre un susto y una tragedia. Después de todo, prevenir sigue siendo más fácil que reparar.
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