Cerebro izquierdo, cerebro derecho: por qué seguimos contándonos una historia que la ciencia ya descartó
La idea de que cada persona piensa con una mitad del cerebro más fuerte que la otra lleva décadas instalada en la cultura popular, pero los estudios más recientes la dejan sin respaldo. Qué dice hoy la neurociencia sobre el tema.

Recuerdo a una colega, hace años, que se definía a sí misma como de cerebro izquierdo sin dudarlo un segundo. Lo decía con la misma naturalidad con la que alguien dice que es alta o que es zurda. Era metódica, ordenada, amante de los planillas y los horarios. Y estaba convencida de que eso tenía una explicación neurológica: su hemisferio dominante, decía, era el racional. La recuerdo porque la imagen que tengo de ella, charlando mientras tomábamos un café, me vuelve cada vez que aparece este tema. Y porque, si ella levantara hoy el diario y leyera lo que la ciencia viene sosteniendo desde hace tiempo, seguramente se llevaría una sorpresa: la idea de que somos de cerebro izquierdo o de cerebro derecho no tiene, en realidad, el sustento que la cultura popular le atribuye.
La clasificación se hizo famosa en cuestionarios de internet, en propuestas pedagógicas y hasta en conversaciones de café, como la mía con aquella colega. De un lado, los analíticos, los lógicos, los numéricos. Del otro, los creativos, los intuitivos, los artísticos. La frontera entre ambos supuestos grupos terminó pareciendo tan nítida como la que separa a los extrovertidos de los introvertidos. El problema, como explican investigaciones recientes, es que esa frontera no existe.
Lo que sí es cierto y lo que ya no
Para ser justos, el punto de partida del mito tiene una base real: las dos mitades del cerebro no hacen exactamente lo mismo. El hemisferio izquierdo tiene un papel destacado en el lenguaje y controla los movimientos del lado derecho del cuerpo. El derecho participa de forma más marcada en el procesamiento visual y espacial y maneja el lado izquierdo. Esa distribución existe, está documentada y forma parte de cualquier manual de neurociencias. Lo que ya no se sostiene es la conclusión que se construyó encima: que esa diferencia de funciones permita clasificar a las personas como racionales o creativas según cuál de los dos hemisferios domine.
Un estudio publicado en la revista PLOS ONE se propuso poner esa idea a prueba. Analizó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Los investigadores identificaron regiones con lateralización, es decir, áreas que tienden a trabajar más desde un hemisferio que desde el otro. Encontraron, por ejemplo, que las zonas vinculadas al lenguaje suelen mostrar mayor actividad en el izquierdo, mientras que ciertas redes de atención tienden a predominar en el derecho. Pero al cruzar toda esa información, no hallaron evidencia de que las conexiones se agrupen en un patrón estable que favorezca de manera consistente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo.
Las fortalezas individuales no prueban una mitad dominante
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
La frase de Tworek resume el núcleo del asunto. Que alguien sea muy bueno con los números o muy bueno dibujando no significa que tenga media cerebro más activa que la otra. Las investigaciones más recientes coinciden en que la especialización hemisférica es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo global que permita poner a las personas en una u otra categoría. Cada tarea recluta circuitos distribuidos por todo el cerebro, y ambos hemisferios se pasan información en forma permanente a través del cuerpo calloso, esa enorme autopista de fibras nerviosas que conecta las dos mitades y sin la cual no podríamos mantener una conversación, interpretar un tono de voz o leer la cara de la persona que tenemos enfrente.
- Los hemisferios tienen funciones relativamente diferenciadas, pero están en comunicación constante a través del cuerpo calloso.
- Las pruebas de imagen no muestran un patrón consistente que permita decir que una mitad del cerebro domina sobre la otra en una persona.
- Las habilidades individuales se explican por redes distribuidas en todo el cerebro, no por la mitad que trabaja más.
- Llevar estas creencias al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos, según advirtió la Unesco.
Por qué nos cuesta tanto soltar la idea
El mito, además, tiene un origen concreto que ayuda a entender por qué se difundió tanto. En el siglo pasado, investigaciones con pacientes a los que se les había seccionado el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves permitieron observar diferencias entre los hemisferios. Esos hallazgos, sin embargo, correspondían a cerebros intervenidos quirúrgicamente y en condiciones excepcionales, no al funcionamiento habitual de un cerebro sano. Con el tiempo, esos resultados se filtraron a la cultura general, perdieron sus matices y se transformaron en una clasificación rígida que hoy ya no se sostiene.
La Unesco llegó a advertir sobre los riesgos de trasladar estas ideas al aula. Definirse como poco creativo por creerse analítico, o asumirse desorganizado por considerarse artístico, puede desincentivar la práctica de habilidades que, como cualquier otra, se entrenan. La advertencia apunta a algo más profundo que una curiosidad científica: nos recuerda que las etiquetas sobre cómo pensamos terminan influyendo en qué nos animamos a intentar y qué dejamos directamente de lado.
Pienso ahora en mi colega y me pregunto qué diría si le contara todo esto. Probablemente se reiría, como nos reímos cuando alguien nos muestra un error que veníamos repitiendo sin cuestionarlo. Y seguramente seguiría siendo metódica, ordenada y amante de las planillas. Pero ya no podría decir, con la misma tranquilidad de antes, que eso se debe a su cerebro izquierdo. Porque la ciencia, esta vez, le ganó de mano a la intuición.
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