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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Carrie vuelve, esta vez con el celular como ariete y ocho capítulos para desarmar el mito

La novela de Stephen King que redefinió el terror adolescente se reescribe en clave contemporánea: la serie de Mike Flanagan para Prime Video incorpora el acoso digital y le da aire nuevo a la relación entre Carrie y su madre. Una historia que ahora también habla de viralización, de chats y de esa necesidad de volver a mirar hacia adentro.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 4 min de lectura
Carrie vuelve, esta vez con el celular como ariete y ocho capítulos para desarmar el mito

Me acuerdo perfecto de la primera vez que vi a Carrie White destruir el gimnasio en la película de 1976, con esa sangre cayendo sobre el baile de graduación como una lluvia imposible. Aquella imagen me marcó tanto que, cada vez que se anuncia una nueva versión, se me eriza la piel de expectativa. Por eso, cuando supe que Prime Video iba a estrenar una serie de ocho episodios escrita y producida por Mike Flanagan, confieso que me senté frente al televisor con la misma mezcla de curiosidad y respeto que se siente al reencontrarse con alguien que uno creyó haber dejado atrás.

La historia que Stephen King publicó en 1974 regresa convertida en otra cosa. Ya no se trata solo de una adolescente encerrada en el fanatismo religioso de su madre y víctima del bullying clásico de un colegio estadounidense. Ahora el hostigamiento tiene otra puerta de entrada y otro modo de propagación: los teléfonos celulares, las redes sociales, los mensajes que se viralizan y persiguen a la protagonista incluso cuando cierra la puerta de su casa. Esa exposición digital, sumada a los conflictos de aislamiento y rechazo que siempre estuvieron en la novela, redefine el clima de terror de un modo que a mí, como periodista y como espectadora, me resulta dolorosamente actual.

Una madre con más espacio para ser personaje

Uno de los grandes aciertos que encontré en esta adaptación tiene que ver con un personaje que muchas veces quedó reducido a la crueldad: Margaret White, la madre de Carrie. En esta versión la interpreta Samantha Sloyan, y la propia actriz contó que ese vínculo fue un punto de partida para Flanagan. La serie, justamente por su formato de ocho capítulos, se permite dedicarle a esa relación un tiempo que el cine rara vez concede. Margaret deja de ser apenas la villana doméstica para convertirse en una mujer moldeada por el duelo, la culpa y una fe que se le volvió caparazón. Sloyan explicó que esa exploración fue posible porque la historia tuvo lugar para respirar, y eso se nota.

Summer H. Howell, la actriz canadiense de 22 años que se pone en la piel de Carrie, atraviesa todo el peso de ese vínculo roto. La eligieron entre más de mil quinientos postulantes, y algo que me llamó la atención es que ella misma confesó que no había leído la novela ni visto las versiones anteriores cuando le llegó la audición. Decidió conservar esa distancia para no contaminar su mirada. En sus propias palabras, le interesaba destacar las ganas de Carrie de descubrir el mundo y de vincularse con otros, esa pulsión de vida que muchas veces queda tapada por el ruido del horror. A mí esa decisión me pareció arriesgada, pero entendible: en una historia tan referenciada, construir a Carrie desde cero quizá sea la única manera de devolverle algo de su misterio original.

El celular como nuevo pasillo del bullying

Lo que más me interpeló, y creo que a cualquier lector adulto también, es cómo la serie incorpora la dimensión digital del acoso. Howell lo planteó con mucha lucidez: los errores de la adolescencia, antes, quedaban en el recuerdo de unos pocos compañeros; hoy pueden quedar registrados, replicados y expuestos. La humillación ya no termina cuando suena la campana del colegio ni cuando Carrie cruza la puerta de su casa, sino que se mete en su cuarto a través de la pantalla. Esa continuidad del hostigamiento, que la serie trabaja con paciencia a lo largo de sus ocho episodios, actualiza la novela de King de un modo que la vuelve incómoda en el mejor sentido de la palabra.

El reparto suma a Siena Agudong como Sue Snell, a Joel Oulette como Tommy Ross y a Amber Midthunder como Miss Desjardin, figuras clave del libro que aquí tienen más espacio para crecer. Y Flanagan, que ya había adaptado a King en El juego de Gerald y en Doctor Sueño, dirige la mitad de los capítulos y firma el guion completo junto con el propio autor, lo que garantiza un doble juego de respeto por el original y libertad para abrir nuevos pasillos. La serie ya está disponible en Prime Video desde el 7 de octubre.

Yo se la recomiendo sobre todo a quienes crecieron con la novela o con la película de De Palma y sienten que ya la conocen. Acá van a encontrar una Carrie distinta, más frágil, más humana, atravesada por la misma telequinesis pero también por códigos de convivencia que a los cuarenta o cincuenta nos tocan de cerca: el celular de los hijos, los grupos de padres que se transforman en tribunales, los videos que se filtran y no se borran nunca. La serie se permite tomar su tiempo, y creo que es un tiempo bien invertido, porque vuelve a preguntarnos qué significa ser joven y distinto en un mundo que mira permanentemente por encima del hombro. Para mí, vale la pena cada uno de los ocho episodios.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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