Sábado, 26 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Entre Ríos Informa

Portada — Vida —

Aftas que no se van: señales para no dejar pasar y consultar a tiempo

Una lesión común que afecta a una de cada cuatro personas puede ser pasajera, pero hay indicios claros que justifican una visita al profesional para descartar otras causas.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me acuerdo de la cara de Miriam cuando me contó lo que le pasaba. Cada tanto le aparecía una llaga en la cara interna del labio, cerca de los dientes, y ella asumía que era una de esas molestias que se van solas con el correr de los días. Pero lo que empezó como una rareza ocasional se fue transformando en un problema que reaparecía más seguido, a veces con dos o tres lesiones a la vez, y en más de una oportunidad le impidió comer con normalidad o terminar una comida sin que el plato le ardiera. Hasta que un día la llaga no se fue en una semana ni en dos, y ahí entendió que la paciencia tenía un límite.

Lo que le pasaba a Miriam es una situación bastante más común de lo que parece. Las aftas, esas heridas dolorosas que aparecen dentro de la boca, suelen resolverse solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento. No son contagiosas y, según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, afectan a cerca de una cuarta parte de la población a lo largo de la vida. Esa cifra ayuda a dimensionar algo que muchos arrastran en silencio, sin darle demasiada trascendencia, hasta que el cuadro cambia.

Cuándo la espera deja de tener sentido

La Mayo Clinic es clara al momento de marcar los límites de esa espera habitual. Conviene consultar con un odontólogo o con un médico cuando la lesión supera las dos semanas, cuando vuelve de forma repetida, cuando es inusualmente grande o cuando aparece una nueva antes de que termine de cicatrizar la anterior. También cuando el dolor no se controla con medidas caseras, impide comer o beber con normalidad, o se acompaña de fiebre. Son señales que, como en el caso de Miriam, indican que el cuadro dejó de ser una molestia pasajera.

Por qué aparecen y qué las puede empeorar

Antes de buscar soluciones conviene entender qué las provoca o las agrava. La misma institución menciona las mordeduras accidentales, el cepillado demasiado enérgico, el roce de aparatos de ortodoncia o de prótesis mal ajustadas y los bordes filosos en alguna pieza dental. A eso se suman los alimentos ácidos, picantes o salados, que pueden irritar la zona y prolongar las molestias. Identificar y corregir ese factor, por ejemplo ajustando un aparato o suavizando la técnica de cepillado, reduce las posibilidades de que la irritación vuelva a aparecer.

  • La lesión supera las dos semanas sin señales de mejoría.
  • La afta reaparece con frecuencia o aparece una nueva antes de que cierre la anterior.
  • El tamaño de la herida es inusualmente grande.
  • El dolor no se controla, impide comer o beber o se acompaña de fiebre.

Más allá de la boca: lo que el cuerpo puede estar diciendo

Cuando las aftas se repiten con regularidad, el escenario puede ser más amplio. La Mayo Clinic señala que esos cuadros pueden estar relacionados con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, aunque aclara que esa asociación no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba tomar suplementos sin indicación. El profesional evaluará, según la historia clínica y los síntomas, si corresponde hacer análisis. Además, una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte que, antes de atribuir las lesiones a aftas recurrentes, hay que descartar otras causas posibles, por lo que la evaluación suele incluir los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.

Una molestia común, con límites que conviene respetar

Para los episodios leves, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos pueden ayudar a controlar el malestar mientras la lesión sigue su curso, pero el tratamiento, según el instituto estadounidense, apunta a aliviar el dolor y favorecer la cicatrización, sin garantizar que las lesiones no vuelvan. Por eso, una afta ocasional no requiere alarma, aunque la consulta cobra peso cuando aparece cualquiera de las señales mencionadas. En el caso de Miriam, la espera se cortó a tiempo: después de la consulta y de los estudios correspondientes, pudo entender por qué le pasaba y empezar a trabajar sobre las causas. Esa es, en definitiva, la diferencia entre aguantar y ocuparse.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo