Adiós a Zulema Galperín: la abuela cocainómana y entrañable dama de los sets argentinos
La Asociación Argentina de Actores confirmó el fallecimiento a los 90 años de una actriz que recién se subió a los escenarios pasados los sesenta, dejó huella en ficciones como Chiquititas y Gasoleros y se ganó un lugar en la memoria popular con su personaje humorístico junto a Sebastián Presta.

Me imagino la platea de un teatro porteño, esa mezcla de butacas gastadas, luces tibias y murmullos que precede a la función, y en uno de esos escenarios apareció durante años Zulema Galperín, una actriz de llegada tardía pero tan querida como si hubiera estado ahí desde siempre. La Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó su muerte, y la noticia golpeó porque detrás había una biografía que vale la pena repasar: la de una mujer que recién a los sesenta y pico se animó a pisar un escenario, después de años y abrodos dedicada a tareas administrativas, y construyó en dos décadas un recorrido que incluyó televisión, cine, plataformas y hasta un colectivo rodante convertido en sala teatral.
De la administración al taller del Teatro Regio
Galperín nació el 18 de abril de 1936 y se acercó a la actuación en la década del noventa, cuando la mayoría de los artistas debutantes tienen la mitad de su edad. En 1997 se inscribió en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio y después siguió formándose en otros espacios y seminarios, una decisión tan corajuda como silenciosa que merece ser contada. Se afilió a la Asociación Argentina de Actores en 2000 y a partir de ahí empezó a tejer una presencia que rescata lo mejor de una cierta escuela de actores: la que aprende a decir mucho con poco y nunca pierde la ternura.
Televisión, cine y la pantalla chica de los noventa y los dos mil
- Ficciones televisivas: Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos, Gasoleros, Chiquititas y la miniserie En París.
- Plataformas: Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, además de la miniserie Superhéroes y heroínas urban@s, nacida de un taller de la Fundación SAGAI.
- Cine: Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes, La estrella roja, Puan y La extorsión.
La lista es larga y abarcativa: policiales, dramas, comedias y unitarios, registros muy distintos para una actriz que se codeó con generaciones muy disimiles de elencos y de modos de rodar. En el medio de todo eso, Zulema Galperín se cruzó con Sebastián Presta para uno de esos personajes que se quedan pegados al imaginario colectivo: la Abuela cocainómana de Préstico, el segmento de sketches de Duro de domar, el programa que condujo Roberto Pettinato. El sketch era absurdo y ácido, de esos dos, y sin embargo Galperín le imprimía una ternura desopilante que volvía al personaje casi entrañable, un equilibrio difícil que ella resolvía con oficio y con esa cosa tan porteña de reírse de todo sin perder la elegancia.
“Su experiencia teatral tuvo propuestas con escenarios poco habituales. En Fango negro, escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambatario, los espectadores acompañaban la función como pasajeros dentro de un colectivo que circulaba por Buenos Aires. La obra fue presentada por el grupo Clan-Destino. También participó de Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino.”Fragmento sobre su recorrido teatral
Me quedo pensando en esa imagen de la actriz subida a un colectivo en plena ciudad, viajando con el público por la Buenos Aires de todos los días, con el ruido del motor de fondo y las luces del asfalto entrando por las ventanillas. Es una postal hermosa para alguien que eligió empezar a actuar a los sesenta y pico, como si se hubiera dado permiso tarde para algo que llevaba dentro desde siempre. Si tenés ganas de conocer su trabajo, te recomiendo arrancar por la filmografía disponible en plataformas y después buscar los capítulos de Chiquititas y Gasoleros: ahí se ve a una actriz que nunca dejó de aprender y que, aun desde los márgenes delencales, se las arregló para dejar huella propia.
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