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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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A medio siglo del escándalo, "Los demonios" por fin se proyecta entera: la pelea por recuperar los 89 segundos malditos que el propio Ken Russell lloró perder

Tras décadas de copias mutiladas por censores de Londres y Washington, la versión definitiva de 114 minutos del filme con Vanessa Redgrave y Oliver Reed se exhibe restaurada en 4K en salas españolas, con material que un crítico inglés tuvo que rastrear durante años en archivos de Warner.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 5 min de lectura
A medio siglo del escándalo, "Los demonios" por fin se proyecta entera: la pelea por recuperar los 89 segundos malditos que el propio Ken Russell lloró perder

Imaginate la butaca de un cine de pueblo en 1971, el proyector temblando apenas, y en la pantalla una monja que se retuerce mientras los tambores del convento de Loudun empiezan a sonar más fuerte que cualquier murga del carnaval. Esa imagen, esa promesa de transgresión total, era la que Ken Russell había soñado cuando terminó de rodar "Los demonios". Y esa misma imagen fue la que durante más de cinco décadas no pudimos ver completa, ni en el mejor cine de arte de Buenos Aires cuando la película llegó acá disfrazada de clásico de culto, ni en los ciclos de cineclub ni en las plataformas donde hoy se la oferta como pieza de colección. Ni siquiera los fanáticos que tenían el VHS o el DVD habían visto "Los demonios" tal como su director la concibió.

Porque la copia que circuló durante generaciones estaba, literalmente, incompleta. La versión británica que llegaba a nuestras tiendas de video se cortaba en los 111 minutos; la estadounidense, todavía más retaceada, terminaba en los 108. Eran dos formas de mutilar el mismo corazón de la película, una operación que el crítico cinematográfico Mark Kermode, que conoció personalmente a Russell y se hizo cargo de la pesquisa, describió sin vueltas: "Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película". Cuando lo leí, me quedó esa sensación que tengo cada vez que una obra vuelve a respirar como tenía que haberlo hecho desde el principio: la de estar presenciando, en diferido, una pequeña justicia.

Un caso real del siglo XVII que terminó en la hoguera

La historia que Russell eligió contar es de las que dan escalofríos en cualquier sobremesa. En el convento de las ursulinas de Loudun, en Francia, varias monjas denunciaron estar poseídas por espíritus malignos y apuntaron contra el sacerdote Urbain Grandier como el responsable de haber invocado al demonio. Grandier fue juzgado por brujería, condenado y quemado vivo. El episodio, documentado por la Iglesia y por la Justicia de la época, fue tomado décadas más tarde por Aldous Huxley, el autor de "Un mundo feliz", que lo llevó a la novela "Los demonios de Loudun". A partir de ese libro, Russell construyó un guion en el que la locura coletiva del convento se cruza con el poder político y con el cuerpo femenino como territorio de disputa, una decisión que la Compañía de Jesús y el propio Vaticano no estaban dispuestos a pasar por alto.

Protagonizada por una Vanessa Redrave en estado de gracia y un Oliver Reed descomunal en el papel del cura condenado, la película llegó al Festival de Venecia en 1971 y desató un cisma que trascendió la pantalla. El Vaticano condenó públicamente el filme y pidió que se suspendieran sus proyecciones en el propio festival, una presión que terminó de empujar la película al rincón de los títulos malditos. En Gran Bretaña, 17 municipios la prohibieron de cuajo y donde se exhibió lo hizo con la calificación X, el equivalente de entonces a "no recomendable para menores de 18". Finlandia, país que suele ser mas permisivo con estas cosas, directamente la mantuvo vedada hasta noviembre de 2001. Lo que tenemos que entender como espectadores es que "Los demonios" no era una película incómoda en el sentido light del término: era una película que el poder, en sus distintas caras, quería que nadie viera entera.

La búsqueda que duró años y terminó en un rollo perdido

Lo más conmovedor de esta restauración, y la razón por la que decidí escribir esta nota, es el esfuerzo casi detectivesco que hizo falta para devolverle la película a su autor. Kermode, que cubrió a Russell durante décadas y se había vuelto una suerte de custodio de su archivo, rastreó durante años los 89 segundos que la Agencia Británica de Clasificación de Películas había ordenado sacar del filme para permitir su distribución comercial. Los encontró, finalmente, en un rollo catalogado con el nombre interno de "C Cut 89", guardado en los archivos de la filial británica de Warner Bros., con ayuda de archivistas independientes que conocían al dedillo los protocolos de censura de la época. Eran exactamente esos 89 segundos, ni uno más ni uno menos, los que Russell necesitaba para armar su versión completa de 114 minutos, la que él consideraba definitiva.

Esa versión, montada con el material recuperado, se proyectó por única vez en el BFI Southbank de Londres y desde el 16 de octubre puede verse en salas españolas, restaurada en 4K. El crítico inglés lo resumió en una frase que atraviesa toda la película y que, personalmente, me parece la mejor manera de explicar por qué vale la pena ir al cine a buscarla: "Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado", había dicho el propio Russell, fallecido en 2011. La frase suena casi obvia si uno piensa en la cantidad de noches de corsódromo donde la fiesta se vuelve instrumento de disciplinamiento, pero aplicada a esta película cobra un filo que todavía hoy, más de medio siglo después, sigue cortando. Mi recomendación, si todavía no la vieron o si la vieron mutilada, es clara: dense el gusto de sentarse en la sala oscura y dejarse llevar por estos 114 minutos que recuperaron, por fin, el corazón que les habían robado.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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