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A los 93, Ellen Burstyn mantiene una rutina que combina caminatas, gimnasio y cuidados frente al espejo de su propia historia

La actriz pasea a su perro, concurre al gimnasio y entrena con un preparador físico, pero su caso reúne también dos fracturas de muñeca y artritis: por eso los especialistas recomiendan ajustar cada plan a los antecedentes de cada persona.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son cerca de las diez de la mañana en algún barrio tranquilo de Los Angeles y Ellen Burstyn sale a la puerta con la correa en la mano. Su perro tira apenas, ella ajusta la férula que lleva en una de sus muñecas y empieza a caminar. La escena, cotidiana y silenciosa, resume una filosofía que la actriz viene construyendo desde que cumplió los cuarenta: moverse todos los días, pero sin confundir moverse con entrenarse. A sus 93, esa rutina se sostiene con paseos casi diarios, visitas al gimnasio y sesiones con un preparador físico. Camina, levanta peso, estira bandas elásticas y vuelve a casa a leer o recibir visitas. El movimiento, en su vida, no es un capítulo aparte: es una de las varias patas que sostienen la jornada.

Caminar no es lo mismo que trabajar la fuerza

Es una distinción útil que el caso de Burstyn ayuda a poner sobre la mesa. Caminar puede ser parte central de una jornada activa y aporta beneficios cardiovasculares y anímicos bien documentados. Pero, según explican los especialistas consultados, no reemplaza por sí solo el trabajo de fuerza y equilibrio, que es el que sostiene acciones tan simples como levantarse de una silla sin ayuda, subir una vereda o mantener la estabilidad cuando el piso no es parejo. Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Cleveland Clinic, lo resume con una imagen muy concreta: fortalecer los glúteos favorece la estabilidad cotidiana y puede contribuir a que los adultos mayores sufran menos caídas.

Burstyn, que hace años mantiene una alimentación vegetariana y dejó atrás el alcohol y el cigarrillo, conoce esa lógica desde hace tiempo. "Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido", dijo al describir su rutina. Lo dijo como quien enumera tres movimientos de una misma partitura: ninguno sobra, ninguno alcanza por sí solo.

Una historia con fracturas y artritis incluidas

Antes de tomar la receta como propia, conviene mirar el resto de la historia. La actriz tuvo dos fracturas de muñeca, usa una férula en una de sus manos y convive con artritis. Esos antecedentes impiden copiar su plan sin más. Quienes tengan lesiones viejas, dolores persistentes, enfermedades crónicas o dificultades para mantener el equilibrio necesitan asesoramiento antes de empezar a entrenar fuerza. Esa consulta puede hacerse con el médico de cabecera, con un kinesiólogo o con un profesional capacitado en ejercicio físico, y suele ser la diferencia entre una rutina que ayuda y una rutina que arrastra molestias.

Un circuito breve que se adapta a cada cuerpo

Para quienes ya tienen luz verde, el entrenador Álvaro Puche propone complementar las caminatas con un circuito breve de resistencia. Su propuesta, pensada para sumar y no para reemplazar, dura entre tres y cuatro minutos y se repite tres veces por semana. La idea es simple: trabajar lo que después se necesita en la calle.

  • Ponerse de pie desde una silla sin ayuda de las manos, para entrenar muslos y glúteos.
  • Elevar los talones repetidamente, con apoyo cercano, para fortalecer tobillos y pantorrillas.
  • Realizar remos con una banda elástica, anclada en un punto firme, para trabajar espalda y postura.
  • Hacer flexiones inclinadas contra una superficie elevada, estable y que no resbale, para sumar trabajo de brazos y pecho sin cargar la columna.

La ejecución, aclaran los especialistas, nunca es igual para todos. La altura del asiento, el tipo de apoyo, el recorrido del movimiento y la carga utilizada se modifican según las posibilidades de quien entrena. La técnica y la seguridad van antes que la cantidad de repeticiones o la velocidad. En el caso de Burstyn, esa adaptación es literal: la férula en la mano cambia el modo en que toma la banda o se apoya en la silla, y la artritis obliga a dosificar lo que en otra persona sería automático.

Cuando termina el paseo y vuelve a su casa, la actriz deja la correa junto a la puerta, se sirve un vaso de agua y se sienta a leer. A los 93, su rutina no es un prodigio ni un eslogan: es una vida en movimiento que aprendió a respetar sus propios límites. Y en ese equilibrio, quizá, esté la parte más difícil de copiar.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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